MICROCUENTO 1: DANIELA


Daniela es la única negra en una familia de blancos. 
Negra bien negra: labios gigantes, dientes prominentes, nariz chata y voluminosa, piel marrón, pelo ensortijado. 
Daniela representa un "salto atrás", la herencia de un abuelo negro, cimarrón, barloventeño o bobureño, negro, muy negro.
Un salto atrás no sólo por la genealogía, Daniela asegura que es una forma amable de referirse a lo que para su familia fue un trágico retroceso: 
"Mi familia me daba las sábanas rotas porque los negros huelen mal". 
"Mi mamá me decía que era hija de una vendedora de besitos y me adoptaron".
Daniela eso no lo puede, ni lo quiere, olvidar. 
Ha tenido que lidiar con frustraciones, complejos inducidos, convivencias familiares tóxicas, por una condición, una realidad que sufre su familia mucho más que ella: ser negra en una sociedad negra, muy negra, que no se reconoce como tal.

MICROCUENTO: YO


La última vez que me maquillaron me ofrecieron un truco,
un acto de magia, 
un guiño de consentimiento: un poco de base blanca y poco labial para disimular el volumen de mi boca; 
un poco de sombra oscura de cada lado de mis aletas nasales y listo: nariz perfilada. 
El resultado fue verme hermosa, pero distinta de mí. 
Hasta mi hija me lo llegó a decir. 
Con 27 años, vino a mi mente una etapa que creí superada: la infancia. 
En mi caso, la distancia entre ser la niña exótica y la fea de la escuela, siempre fue pequeña y grande a la vez, definida sí, sólo por el color de mi piel.
Tener la nariz ancha y la boca grande como la mía en una sociedad colonizada y racista como la venezolana tiene implicaciones y conlleva escarnios sociales de los que tener los ojos claros no te "salva". 
Del racismo encubierto y de las expectativas estéticas de los y las venezolanas, es algo de lo que jamás me pude ni podré esconder.

MICROCUENTOS 3: LA ABUELA


María alguna vez (seguro muchas) se enamoró de un muchacho negrito. Se lo contó a su hija cuando ésta se confesó enamorada de Ángel, el chamo negro o más oscuro del 4to año de bachillerato en su liceo.
María lo recordó y le recomendó como si fuera un delicioso pecado, un oscuro secreto: "no pienses en el mono, piensa en los monitos". Así, le había curado su abuela el enamoramiento. Santo remedio.

¿Cómo aceptó Daniela su negritud? ¿Cómo vivo yo la herencia negra que delata mi bemba? ¿Cómo se ubica a la abuela en un contexto de negritud que rechazaba y negaba? ¿Por qué es tan difícil ser lo más común?¿Por qué estos relatos son importantes?

Respuestas hallé en Beatriz Aiffil. Acordamos vernos en el Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños en las inmediaciones de la Plaza Bolívar de Caracas. A la hora de la entrevista no contestó mis llamadas ni mensajes, parecía ocupada y lo estaba, asumo perdió interés de ser entrevistaba mientras se maravillaba escuchando la experiencia de Rahmatoy Keita, una cineasta nigeriana que está en Venezuela dando una serie de charlas. Tuve que esperar que ese evento terminara y a Beatriz la abordé, la abracé, la saqué de lo que la apasiona y la mueve, y me la robé.

Beatriz es una negra militante del sector afro y de otros colectivos revolucionarios en Caracas y Venezuela, especialmente de uno nacido luego de la muerte del Comandante Hugo Chávez. Beatriz, es una Trenza Insurgente.

“Recoger las aguas e invocar”: cuando llama mamá África

El 19 de septiembre de 2014 se publica en el portal www.trenzasinsurgentes.blogspot.com el Manifiesto de este colectivo. Uno de mujeres negras, afrovenezolanas y afrodescendientes que surge según Beatríz como una necesidad.

“Inicialmente, dos personas nos reunimos e hicimos un balance de la situación del movimiento afrovenezolano y decidimos juntarnos para recoger las aguas. Decidimos invocar esa esencia afro, a esa esencia originaria que tenemos las mujeres que nos quedamos e hicimos familia en los tiempos de la colonia cuando éramos esclavas (…) Hicimos invocación porque es un elemento que está muy en lo profundo de nosotras y muchas veces no tenemos las herramientas para reconocerlo. Invocar es una característica que nos quedó a las mujeres negras viviendo la esclavitud, cuando nos quitaron a los hijos, cuando no teníamos vivienda, cuando no estábamos en nuestra tierra originaria: África, cuando nuestras ancestras/abuelas hicieron familia con los hijitos que quedaban, con los compañeros y compañeras de la hacienda, cuando integraron a la gente e hicieron un familión. Entonces nosotras dijimos ‘hagamos esto dentro del movimiento afro: llamar a la integración'”.

Tomando en cuenta que este 2018, sumamos 19 años en Revolución Bolivariana, le pregunto ¿por qué tan tarde? Ni me dejó terminar de preguntar cuando asestó “nosotras militamos e investigamos en otros movimientos. Siempre hemos estado. En este caso, nos juntó que casi todas nosotras tenemos la negritud como misión de vida. Va más allá de un empleo o un trabajo”.

Así, Trenzas Insurgentes es uno de esos colectivos populares que nacieron luego de la muerte del comandante Chávez, en ese difícil lapso de tiempo en que muchos dieron todo por perdido o culminado, y otros y otras vieron el momento oportuno para articularse. Lapso de suspiro entrecortado y lucha que para Beatriz son “tiempos donde se propicia la fragmentación, porque estar juntos implica ser más poderosos y poderosas. Nosotras no necesitamos reunirnos, actuamos en cualquier escenario donde es inminente la fractura y llamamos a recordar cuáles son nuestros objetivos últimos, el objetivo trascendental: la emancipación”.

#TodosSomosAfro

Tiene el cabello recogido en un turbante que apenas deja asomar unas canas gruesas, rizadas. Su hablar pausado y suave, contrasta con su imagen imponente, cargada de impresiones tribales. Describo a Beatriz, quien me pregunta ¿a qué llamamos negros?. Le contesté que a todos nosotros y cuando le sumé que los afro conforman la mayoría de los movimientos y colectivos sociales, ella me dió un para’o: “Todos somos afrodescendientes, pero nosotros con nuestras luchas queremos reivindicar específicamente a un pueblo y comunidad que ha sufrido la discriminación racial, porque al decir “todos somos afro”, entonces no cabe lucha. Todos descendemos de África, pero no todos lo reconocemos, y mucho menos lo aceptamos. Nosotros hablamos directamente a las personas que vienen de otros que fueron traídos de África para ser esclavizados. Ellos y ellas tienen coloratura de piel y ese es el punto de partida para que los y las discriminen. Nuestro nudo de problematización y acción es la discriminación que vivieron y que sobrevive en quienes llevan su herencia”. Beatriz me invita a no caer en la trampa.

Como la labor es ardua, dudo e interrogo ¿con quién cuentas? ¿Quiénes y cuántas son trenzadoras? Beatriz me habla de 12 mujeres que conforman el anillo central y otras tantas que aparecen cuando son llamadas. En el núcleo principal están Beatriz, Casimira Monasterios, Liliana Márquez, Meyby Ugueto y Flor ‘Poy’ Márquez. Otras trenzas son Solciré Pérez, Xiomara Cabrera, Jessica Cueto, Mariagabriella Fernández, Yuraima ‘Yura’ Salazar, Marianela Frías, Nilka Douglas, Yenny Farfán, Nelly Ramos, Nirva Camacho (también milita en Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas), Roraima Gutiérrez. Y Beatriz destaca algunas Trenzas “satélites” en el exterior: Jessica Cueto (México), Johanna Monagreda (Brasil), Nadia Mosquera (Inglaterra), aún cuando el radio de acción del colectivo  es básicamente la región central de Venezuela.

En Revolución

Trenzas Insurgentes no decide juntarse en un contexto sencillo. Les tocó ser negras, pobres y militantes revolucionarias en un país en Revolución, donde estallidos de violencia racista -que se dice superada- han dejado personas asesinadas y quemadas vivas en las calles de Caracas.

Que este colectivo exista, me recuerda la sentencia de otro revolucionario, Fidel Castro: “hay gente que va a la iglesia y es racista, hay gente que se llama revolucionaria y es racista, hay gente que se llama buena y es racista, hay gente que se llama culta y es racista”. Fidel aseguraba que el problema de la discriminación racial es uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la revolución tiene que abordar.

En un contexto venezolano de asedio y guerra, donde lo urgente parece no dejar espacio a los cambios de fondo, Trenzas trabaja el tema del racismo, formas de neoracismo, la pobreza racializada que viene de la esclavitud, cuando los negros no podían ir a la escuela y las tribus eran separadas. Esa pobreza racializada que generó un mal al aislar al pueblo negro, para luego criminalizarlo. Este colectivo aborda temas cotidianos que la Revolución necesita trabajar y atajar. En respuesta a eso, el sector afro -eso incluye a Trenzas- tiene varias demandas: crear el Consejo Presidencial Afrodescendiente con amplia participación popular e incluir el Capítulo Afro en la nueva Constitución que cocina la Asamblea Nacional Constituyente electa en junio de 2017.

Para el movimiento afrovenezolano es difícil rescatar los códigos africanos, pero ahí está el trabajo, en resignificar en primer término la estética. En segundo lugar, las tradiciones, las conexiones con África, lo espiritual… Beatriz ahí se detiene “sencillamente no andamos solos, estamos acompañados por nuestros antepasados. Somos uno en un mundo muy grande”.

Burocracia, ¿me vas a negrear?

Trenzas Insurgentes, entonces, busca disminuir la fragmentación de un sector ampliamente popular. Estas mujeres pretenden y lo hacen, revolucionan con la vista fija hacia un objetivo mayor como lo es el fin de una dominación latente en todos los espacios. y que se niega a morir en uno en particular: la institución pública gubernamental.

Beatriz no me lo niega ni se amilana. “Hay resistencia. Nosotras, infiltradas en las instituciones, hemos descubierto elementos que en muchos casos decepcionan, pero eso no es ahora, viene desde que el presidente Hugo Chávez disparó la carrera a la lucha contra la discriminación. Eso nos hace más conscientes: no podemos abandonar las instituciones. Nosotras trabajamos y nos desplegamos en el Ministerio de Comunicación, en el Ministerio de la Mujer, en el Ministerio de la Cultura. Esto es un trabajo de cimarronaje institucional”.

¿Cimarroqué? Beatriz me explica un término que le puso el colonizador a nuestros esclavos y del que ya el movimiento afrodescendiente se apropió y con el que se empoderó. “Estamos como un fantasmita recorriendo los espacios, en todas partes, recordando que existe la gente negra, que existe la variable étnico racial, que se tiene que tomar en cuenta, porque es determinante en mucho de nuestros comportamientos, en muchas de nuestras carencias como proceso”.

Escucho y pienso. No sé si esa negra lo hizo adrede, pero hablaba y yo veía dibujarse sobre su cabeza la hoz y el martillo comunistas, mientras me hablaba de cómo opera el movimiento afro dentro de una institucionalidad burguesa.


Cuarenta minutos de entrevista después, Beatriz comienza a sudar. Reviso mis preguntas y el repaso por lo personal y político, por lo individual y colectivo. Detallo el sudor que baja por su frente, empapa su nariz ancha, sus labios carnosos, vastos, tan parecidos a los míos, y vuelvo al bullying de mi infancia, cuando entonces estas cosas no se problematizaban en mi entorno y le pregunto: ¿cómo responde Trenzas al chalequeo idiosincrático y endorracismo verbal reflejado en expresiones comunes como “hay que mejorar la raza”, “¡es inteligente! y eso qué es negra..!” “Eso no es boca, eso es bemba”.

Beatriz me fulmina: “nosotras no tenemos problemas con el término negro o negra. Nosotras lo asumimos: negra y cimarrona. Pero el cuasi verbo ‘negrear’ sí debe ser erradicado de nuestras bocas y nuestras mentes. Esa expresión, como tantas otras, habla de un racismo del cual las venezolanas y venezolanos no tienen conciencia. Mi mamá es negra y es racista. Tiene comportamientos racistas, puede hablar con desdén de cómo le salió el cabello ‘malo’ al nietico. Ella no puede ocultar su incomodidad, aún siendo negra. Eso es debido al aprendizaje de siglos diciéndonos que lo negro es malo, que hay que superar esos estadios primitivos, que uno no se puede liberar de la piel negra, pero si liberarse a través de los hijos pariendo niños o niñas blancos o más claros”.

Aiffil me cuenta bajito pero con firmeza que reconocerse como mujer negra implica amar tu boca, amar tu nariz, amar tu cabello. Implica entender que es otra forma de ser. ¿Daniela, Mamacita y yo tenemos algo que ver con Trenzas Insurgentes? Me remito al nombre de colectivo que evoca a eso, a juntar, tejer, enlazar, permanecer y no soltar entre realidades no tan diferentes.

Una merienda de negros, negras y negrit@s

En 2013, tras el fallecimiento de Hugo Chávez, el dramaturgo venezolano Ibsen Martínez dijo que los funerales al Presidente habían sido “un fandango de locos”, una “merienda de negros”, un término peyorativo que Beatriz precisó y consideró importante mencionar, pues, desde entonces, Trenzas Insurgentes, junto a otrxs colectivos afro, organizan y recrean ferias con ese nombre, en las que dicen reivindicar ese momento que daban los propietarios de las haciendas a los esclavos para que tuvieran un recreo.

“Nosotros resignificamos su idea despectiva del asunto, y lo seguimos tomando como celebración, hacemos gala de nuestra gastronomía, de nuestra vestimenta, nuestras artesanías, en eso es que consisten nuestras meriendas de negros. Tomamos una comunidad y armamos una feria para bailar y cantar música tradicional y música, sí, de negro”. Aiffil se emociona al hablar de éste como un espacio, un momento ideado para cineforos y conversatorios donde los ancianos y ancianas tienen papel protagónico por su poder para transmitir la historia y la memoria a los más jóvenes”.

Me despido de Beatriz con un buen sabor de boca. Un poco celosa. Agasajada de comprensión y entendimiento. Todo lo suyo es tan genuino, con tanto sabor a tierra y raíz, tan romántico, tan escandalosamente bello, tan chavista. Tan negro.

Y ¿trenzadores?

“Es importante destacar que el colectivo no es obligatoriamente femenino, pero sí lo es en esencia, pues el espíritu de Trenzas busca invocar a su vez el espíritu de matriarca que caracteriza la cultura y la historia negra. Tampoco nos consideramos feministas como colectivo, pero aceptamos las individualidades. Comprendemos que las mujeres afro tenemos un elemento de ñapa para cumplir con los requisitos para la opresión: somos mujeres, afro y pobres”.

Beatriz Aiffil – Miembro del Colectivo Trenzas Insurgentes