Alicia tiene las rodillas duras. Sobre sus ligamentos y cartílagos no se extiende una capa de piel, sino más bien una cáscara rígida, hecha por la presión de los suelos ajenos que ha limpiado durante al menos treinta años. Ahí le pagan lo que merece, le dicen. Cuando sale debe pasar por los chinos de la avenida Baralt para tratar de comprar arroz en una cola inconmovible a su cansancio. Llega a la casa con las manos vacías y con un lomo curvo en el lugar donde debería estar su espalda. Repite la operación de preparar la comida, limpiar los trastes, lavar los trapos, barrer las migas, y pasar coleto sobre el piso por el que camina, indiferente, su familia. Ahí no le pagan nada. Con el último aliento del día, esta mujer acostumbrada a restregar, desinfectar y lustrar, expurga su propio cuerpo con el agua fría del tanque, y todo cede bajo el chorro, menos la dureza de sus rodillas.

La historia de Alicia narra un pedacito de la violencia cotidiana que el sistema patriarcal impone cada día. La violencia de su caso es apenas un minúsculo fragmento de un sistema que oprime, excluye, agrede, viola y mata a  mujeres de todo el mundo. Por este dolor cotidiano, una diversidad de colectivos, organizaciones e individualidades se juntaron este 8M para decir: “Nosotras paramos”. En Caracas, la acción política se desarrolló en un performance armado de poesía, teatro, canto y baile para presentar las demandas centrales de la lucha feminista en Venezuela.

“Hubo el día en que un río visitó el torrente que era y, río bajo río, corrió a la desembocadura, con sus manos bautizadas en sangre. El cielo de sus ojos se multiplicó, y era una noche estrellada. Su pelaje se erizó y batió la cola como la menea el silvestre ritmo de su manada.Quiso gritar y en el aullido devolvió la semilla al árbol, luna”.

“Mujer Salvaje”, Indira Carpio

Con este poema en la garganta de todas, inició el performance la mañana del 8M en Venezuela. Gabriela Mari, directora de la agrupación de teatro Del Timbo al Tambo, fue la orientadora de esta acción cultural con la idea de hacer visible no únicamente las agendas de lucha, sino también para mostrar la felicidad intrínseca que tienen los seres humanos por respirar,  percibir, pisar la tierra, acercarse, mirarse y reconocerse. “Trabajamos el teatro para decir que nosotras no parimos únicamente niños y niñas, parimos proyectos, ideas, ordenanzas, países”, dice Gabriela.

Luego, sonaron tambores, y nació el canto, después el baile. Tras ello vino la fase de visibilizar las luchas y exigir los objetivos que aún no se han logrado en Venezuela. Para  Mariana García, quien junto a otras mujeres participó en la organización del de la protesta, las razones sobran.

“En Venezuela nos sumamos al Paro Mundial Feminista por tres razones: la primera es la necesidad de visibilizar lo importante que es el trabajo de las mujeres en el cuidado y la reproducción de la vida como parte de los trabajos más invisibles en el Capitalismo. Incluso aquí en Venezuela, donde está reconocido en la misma Constitución, no hay ninguna implementación de políticas públicas que permitan darle forma a eso”.

García continúa. “También nos paramos por la exigencia de mayores garantías de la salud y vida de las mujeres; ante una grave situación de femicidios que ha aumentado estos últimos años, al igual que en el resto de la región; por los índices altos de mortalidad materna y la falta de cifras oficiales para decir qué tan grave es el problema.

“Y por último, paramos en defensa de la Revolución, en la cual sabemos está la única vía para lograr una sociedad verdaderamente feminista y comunal. La Revolución que en este momento está atravesando una arremetida internacional, neocolonial e imperialista, sumamente cruda, que afecta a las mujeres de manera particular, porque el bloqueo económico se traduce en muchas más horas de cola para comprar alimentos, medicamentos, y los insumos elementales para garantizar una vida digna”, dice Mariana.

El performance continuó con una celebración de colores plasmados en una tela circular sostenida por todas las mujeres, en una representación de la  flor de loto que simboliza la belleza que nace a pesar de estar en el lodo.

“Así somos las mujeres, nacemos incluso sobre el duro cemento, somos arrechas, y cuando tenemos que crecer lo hacemos, imparables, aunque nos estén matando en los hospitales por violencia obstétrica, a pesar de que el aborto todavía es penado, a pesar de que nos violan, nosotras estamos aquí luchando por todos nuestros derechos”, narró Gabriela.

A la acción asistieron mujeres de varias comunidades, de varias organizaciones, de etnias, místicas y espiritualidades diferentes. Efectivamente, este 8M se dio una participación mayor de voluntades, de creación. En la acción de calle participaron compañeras que no forman parte de las organizaciones, quienes aportaron gestión, apoyo logístico, el círculo de cuidado, lo que habla de un músculo feminista que crece y quiere desbordarse por las calles.

El performance terminó con la lectura del manifiesto feminista con el grito:  “¡Si nosotras paramos, para el mundo! (…) Las labores de cuidados descansan principalmente en las familias, y dentro de ellas en las mujeres, quienes se encargan de hacer los trabajos cotidianos que permiten sostener la vida. (…) #NosotrasParamos para exigir la corresponsabilidad del Estado y la sociedad en el cuidado de la vida”.

Las rodillas de Alicia siguen duras y ella continua trabajando dentro y fuera de casa sin descanso ni recompensa. Pero al menos, Alicia sabe que en Venezuela y Latinoamérica la esperanza se muestra incansable. La lucha de las mujeres crece y brilla cerca.