Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
 abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
 su color coronado de junios, ya es rocío
 alejándose a ciertas regiones matutinas.
"A mi hijo"
Miguel Hernández
Puntos de vista
I
Esa noche quizá lo mejor era no salir de casa. Era martes 11 de abril, y frente a la Ciudad Socialista Alí Primera, en el estado Lara, un grupo de habitantes de la urbanización Hacienda Yucatán, manifestaba contra el Gobierno. El mes había comenzado con toque de cacerolas, intentos de toma de la calle, hasta arremeter contra sus vecinos. Era martes, sabemos, y ese día aproximadamente cincuenta personas, algunas identificadas con camisas del partido de oposición Voluntad Popular, fueron detenidas y llevadas al comando de la Guardia Nacional. Gustavo Ojeda, vocero político del PSUV, junto a otros vecinos llegaron a resguardar la entrada del urbanismo, y se instalaron en la entrada a cuidar el paso de peatones y vehículos.
A las 7 de la noche se fue la luz. En medio del apagón general le informaron a Gustavo que en un urbanismo cercano había una manifestación opositora. Se alejaron del portón, fueron a apoyar a esa comunidad y de regreso había iniciado el toque de cacerolas en la Hacienda Yucatán. El grupo en el que se encontraba Gustavo estaba desarmado. Cuenta que los atacaron y ellos se defendieron con piedras. Lograron entrar al urbanismo, se reinició el alboroto en la calle, volvieron a salir y fueron atacados con botellas; ellos siguieron defendiéndose con piedras. Luego, lo inesperado, disparos. Pasó un carro a toda velocidad y se llevó el portón. Más disparos, cayó un niño herido. Eran las 9 de la noche.
II
“Había momentos donde todo estaba en calma. Nosotros nos asomábamos y las piedras eran nuestras únicas armas. La Policía Nacional y la Guardia Nacional estaban ahí, pero nunca arremetieron contra ellos”, narró Yasmín Suárez, habitante de la Ciudad Socialista Alí Primera cuando fue entrevistada por Voces Urgentes.
III
“Fui testigo de la muerte del niño. Cuando al niño le pasa eso, estaba mi lado y de mi esposo. En eso que está la balacera formada el niño me pide auxilio, se le aferra al cuello a mi esposo y nos pidió que no lo dejáramos morir, que lo auxiliáramos”, relata Normelys Pérez, habitante de la Ciudad Socialista.
“Quédate con nosotros”
A punto de ser las 9 de la noche, la familia Principal-Giménez estaba en casa, ajena al peligro que germinaba en medio del estrépito nocturno. Tanto así, que devorado el día por las múltiples tareas de Marbelys Giménez -madre de cinco, y quien sólo ocho meses antes había perdido a su compañero a causa de un paro respiratorio-, no había podido preparar nada para comer. Le pidió a su hijo mayor, Brayan, de 14 años, que por favor saliera y comprara para él y sus hermanos empanadas para la cena.
Regresó la luz. Ya en la entrada del urbanismo, Brayan quedó en medio del tumulto que trataba de proteger las viviendas, suenan nuevos disparos. Se acerca el niño con miedo a una pareja próxima, son Normelys y su esposo. “Lo revisamos y le decimos que no le pasa nada, que camináramos hacia un lado porque era peligroso. Casi se desmaya, lo logramos sentar. El niño nos repite que no lo dejáramos morir, que lo revisáramos porque él sentía que le dolía algo”.

A punto de desmayarse Brayan otra vez, el esposo de Normelys trata de traerlo: “No, chamo, no te me desmayes, quédate con nosotros aquí, abre los ojos”. Al revisarlo con más cuidado ven una entrada de bala por la cadera, que salía por el otro lado y se le alojaba en el brazo.

La GN prestó el apoyo para llevar a Brayan al Centro Ambulatorio de Tamaca, más cercano. Mientras, otro contingente de la GN prestó protección dentro del urbanismo. Todo se calmó por fin cerca de las 3 de la mañana.
Lo llevaron al hospital, intervención médica durante la madrugada, durante toda la mañana después. No se pudo salvar al niño. Pero la historia no termina aquí, no así para la familia.
¿Un cierre?
Empezaron los señalamientos y la incertidumbre que no permite hacer un cierre para la familia de Brayan: ¿De dónde provino la bala? Acusaciones de lado y lado, atribuida a los “colectivos”, a la GN, a los manifestantes opositores, a funcionarios de cuerpos de seguridad que viven en la Hacienda Yucatán, pero finalmente el peso cayó sobre Héctor Yohan Zapata Felice, “El Maracucho”, el 14 de abril.
Zapata es conocido por la comunidad, mucha de la que pone en duda esta acusación y trató de impedir su captura. Ven las marcas de balas claramente descargadas desde la Hacienda Yucatán, pero las experticias del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) aseguran que el disparo fue accionado desde la Ciudad Socialista. No hay claridad, no hay justicia.
Ha pasado poco más de un año, y en la Ciudad Socialista Alí Primera cada tarde para la señora Marbelys Giménez “continúa cayendo desolada”, como escribió el poeta Miguel Hernández. Una tarde con todo su peso abismal sobre la madre que a esas horas no tiene la compañía de su hijo mayor, el que la ayudaba a vender tostones, caraotas y quinchonchos. Una tarde que cierra los ojos sobre Brayan, lejos del mar que pintaba, bajo el que, dijo, un día estaría en un submarino.