El camino a transitar es duro, pero es el camino

Cuando hablamos de sexo diversidad y género diversidad en Venezuela, hablamos de un tema complejo. En el país del gigante Hugo Chávez y de la apertura política, cultural y social más profunda del siglo XXI, los derechos de lesbianas, homosexuales, transgéneras, bisexuales, intersexuales o demás orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género, hace a más de unx tragar grueso.

El movimiento LGBTI existe en Venezuela, no de hoy ni de ayer, sino desde hace bastante tiempo. La primera organización gay del país data de 1980, su nombre fue Entendidos y su activismo estuvo dirigido principalmente a la publicación de artículos relacionados con la lucha contra los estereotipos y el estigma social, así como a la prevención del virus VIH, tan expandida para la época entre la comunidad homosexual.

La profesora e investigadora María Nela Tovar reseña en el texto Historias y culturas de la diversidad sexual en Venezuela (2013), que no fue hasta la llegada de la Revolución bolivariana que surgen numerosas organizaciones y liderazgos de la diversidad sexual en el país. Es claro que el discurso incluyente de Chávez, la amplitud, la proliferación de la participación protagónica, las ideas revolucionarias y las garantías sociales concretas fueron fundamentales para este auge.

Con la llegada de la revolución se da un paso significativo, que abre las compuertas para la visibilidad y participación LGBTI venezolana: la derogación de la inquisidora “Ley de vagos y maleantes”, implementada desde el gobierno de Eleazar López Contreras como coartada para llevar a cabo acciones de represión contra quienes eran considerados “delincuentes”. Con el pretexto de “acabar con la inseguridad” un día masacraban a jóvenes en las barriadas marginadas, otro desaparecían a estudiantes y activistas políticos.

En tiempos de la cuarta república los espacios organizativos propiamente gay eran reducidos y la estigmatización estaba a flor de piel, por lo que los sitios nocturnos como bares y discotecas se ofrecían como refugio para la comunidad LGBTI. Efectivos policiales aprovechaban estos espacios para desatar redadas en las que torturaban, perseguían y encarcelaban sin justificación comprobada a homosexuales, lesbianas y transexuales que acudían a dichos establecimientos o que ejercían como único medio de subsistencia el trabajo sexual en las grandes avenidas de la ciudad.

Derogada la “Ley de vagos y maleantes” inicia un nuevo capítulo para la comunidad LGBTI. Entre 1999 y 2013 el número de organizaciones sexo género diversas superó en mucho al número antes de esta fecha, más de 40 organizaciones fueron conformadas durante este periodo. En 2001 se realiza la primera marcha del Orgullo LGBTI, con el respaldo del gobierno bolivariano. Hoy son 18 años de marchas del orgullo consecutivas. Por otro lado comienza un reconocimiento algunas veces tácito y otras veces explícito en el panorama legislativo. La reforma constitucional además de introducir un lenguaje no sexista, consagra en su capítulos 20 y 21 la prohibición de todo tipo de discriminación y el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad. A partir de este marco legal muchas de nuestras leyes reafirman la no discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género, como es el caso de la Ley del Poder Popular en su artículo 4, La LOTTT y la reciente Ley contra el Odio.

Decir que nada se ha hecho es tan poco acertado como afirmar que todo se ha alcanzado. Existe reconocimiento y algunas victorias para nada insignificantes, sin embargo el camino se muestra incipiente frente a lo alcanzado hasta la fecha en el resto del continente latinoamericano. Argentina en 2010 asume la vanguardia, siendo la primera nación en la región en permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Conquista seguida por México, Brasil, Uruguay, Chile, Colombia y Ecuador. En buena parte de los países latinoamericanos se reconoce la identidad de género trans y se permite el cambio de nombre en los documentos de identificación, paso que aún en Venezuela se mantiene en debate en el seno de la sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

¿Qué ha hecho que Venezuela permanezca en la retaguardia con respecto a los derechos de la comunidad sexo género diversa? Son muchos los factores y razones que intervienen en este lento  pero digamos que preciso avanzar de la comunidad LGBTI venezolana, por ello urge puntualizarlos y dar paso a una profunda radicalización del movimiento teniendo claros los retos a superar.

A dónde vamos como comunidad LGBTI

1) Diversos pero no dispersos: hacia una plataforma unitaria LGBTI nacional

El movimiento LGBTI venezolano es tan diverso como la sociedad venezolana misma. Existe en él una confluencia de pensamientos, criterios y discursos bastante heterogéneos, lo cual hace de este un movimiento rico por su pluralidad. Es esta misma diversidad la que hace complejo el consenso en los debates. Un desafío fundamental es precisamente la deposición de los egos en favor de un movimiento LGBTI nacional trabajando como un sólo músculo cohesionado. Una organización horizontal en donde la comunicación pueda fluir sin imposiciones, como una fuente de agua, de arriba hacia abajo y viceversa. Una organización que deje de lado los intereses individuales, las pretensiones particulares y ponga en primera instancia la agenda colectiva.

La comunidad LGBTI venezolana enfrenta a lo interno el gran desafío de desmontar el sistema de relación humana del mundo capitalista que impone jerarquías; nos corresponde la apuesta por liderazgos naturales antes que impuestos, deslastrarnos de las malas prácticas y de las relaciones de poder tóxicas.

La unidad LGBTI nacional pasa por el impulso de espacios de encuentro orgánico que no dependan de las coyunturas conmemorativas de fechas específicas o icónicas para el movimiento, sino más bien de la consolidación de espacios constantes de debate, intercambio, que permitan el diálogo, el encuentro y la articulación de las agendas propias de cada organización.

2) Educación liberadora sin sexismo para derribar prejuicios

En nuestro país, como en el resto del continente, la educación sexual es insuficiente, relegada sólo al ámbito reproductivo y genital. Siendo seres sexuados, ¿cómo vivir la sexualidad a tientas? Si para una persona heterosexual, que representa la norma y los estándares sociales, es difícil vivir y asumir una sexualidad consciente y placentera desde la desinformación, cuanto más para otra fuera de la norma.

Informar para no ignorar, conocer para reconocer, el miedo se vence con conocimientos. Nuestras organizaciones sexo género diversas muchas veces priorizan las actividades de movilización y agitación antes que la formación, obviando que es a través de ella que obtendremos las herramientas y argumentos que desplomen el sistema de prejuicios que aún persiste en nuestra Venezuela Bolivariana.

Un gran reto de la comunidad LGBTI venezolana es la investigación y consecutiva socialización de información oportuna, veraz, cuantificable, no sólo para las personas en general sino para lo interno del movimiento. Nadie defiende lo que no comprende.

La educación sexual que incluya el tema de las sexualidades disidentes desde una visión objetiva, clara y frontal, su transversalización en todos los niveles del sistema educativo permitiría que en lo futuro nuestra sociedad transitará por sendas de respeto en base al reconocimiento de las diferencias. El machismo está presente en todas la esfera y la nuestra de escapa de ello, la formación feminista permitiría derribar la autodiscriminación y la invisibilización de algunas identidades como las lésbicas, que quedan diluidas frente a la militancia gay predominante.

3) Del capitalismo rosa a la comuna antipatriarcal

Creer que es posible superar la discriminación LGBTI en medio de un sistema opresor como el capitalista es tan ingenuo como creer que una revolución es por sí sola suficiente para derrocar al patriarcado y su consecuente hegemonía masculina.

Sociedades donde funciona abiertamente un sistema capitalista han otorgado derechos como el matrimonio igualitario a personas LGBTI, sin que esto se traduzca necesariamente en inclusión real y no discriminación. En EEUU, por ejemplo, desde hace mucho existe el matrimonio igualitario, emporio “Gay friendly” a la par de la efervescencia de un estado fascista, racista, que no ha perdido oportunidad para arrebatar conquistas a la comunidad LGBTI.

En tiempos de globalización, el capitalismo se adecua y moldea para su ganancia, ve en la familia homo-lesbo parental sujetos y sujetas para el consumo, en base a eso genera una moda gay, un estilo de vida gay sólo alcanzable para quienes ostentan mayor poder adquisitivo. ¿Qué pasa con las sexulidades disidentes al margen? ¿En el capitalismo rosa dónde quedan los cuerpos de periferia? ¿Es posible luchar contra la discriminación dentro de un sistema basado en la explotación y la barbarie?

Como desafío, el movimiento LGBTI deberá superar la reforma que no trasciende la petición de derechos meramente civiles y apostar a una profunda radicalización revolucionaria, teniendo en cuenta las diversas formas de discriminación que nos atraviesan, la lucha de clases, de raza y de género.

En nuestra Revolución bolivariana se encuentra un planteamiento poco materializado pero latente, las comunas. El estado comunal ofrece las condiciones materiales concretas para que surja un movimiento popular de base renovado, la simiente de la sociedad nueva. Es la comuna como forma de superación del Estado burocrático, el escenario en el que una visión libre de sexismo, inclusiva, diversa, debe gestarse. La construcción de una comuna en la que se logre superar la visión hegemónica de lo masculino sobre lo femenino, en la que los géneros sean vistos como complementarios en vez de opuestos, donde se cuestione la violencia hacia las mujeres y cuerpos feminizados.

La participación LGBTI dentro de la construcción de las comunas permitirá un acercamiento frontal con la base, afrontando los más arraigados conflictos de nuestras prácticas cotidianas, para problematizarlos en colectivo y conseguir su superación. No se trata de parcelarse y vernos desde la diferencia, se trata de reconocernos en la diferencia, integrándonos como subjetividades políticas en el entramado social. La lucha feminista, la lucha de clase, la lucha racial y descolonial atraviesa las causas y consecuencias de la imposición del heterosexismo y  la LGBTIfobia. El capitalismo se sustenta en la discriminación, la revolución en la inclusión.

4) Del paternalismo de Estado a la autogestión y la autonomía

Una gran dificultad siempre ha sido el tener los recursos para llevar a cabo las agendas. La dependencia material de las instituciones limita muchas veces el accionar autónomo de cada organización. En tiempos de guerra económica este desafío se incrementa, por los altos costos inflacionarios.

La autonomía sólo es posible en la medida en la que la comunidad sexo género diversa genere mecanismos de autogestión, sustentable y sostenible en el tiempo. La dependencia económica del Estado o de una organización no gubernamental transnacional perjudica la autonomía del movimiento, y lo amarra muchas veces a agendas que no son propiamente las necesarias para la organización.

5) Desmontar el estigma y los prejuicios religiosos

La visión que los medios de comunicación tradicional han posicionado del homosexual o de la transexualidad ha dado una visión negativa generalizada de la comunidad. Identificada siempre con lo banal, superficial y estrafalario, con el descontrol y lo promiscuo, temas que no son inherentes a las sexualidades de cada persona, sino más bien a las vivencia particulares de cada persona.

Romper esa visión que estigmatiza a las sexualidades disidentes pasa por retomar, reconstruir   referentes que rompen con esa visión sesgada del activismo LGBTI. El rescate histórico de los aportes sociales que homosexuales, lesbianas y trans han generado para la sociedad, desdibuja del imaginario colectivo los prejuicios y mitos en torno nuestro.

La religión ha operado también como piedra de tranca para la obtención de derechos que equiparen nuestras ciudadanías. Parte de un gran reto que afrontamos como comunidad es lograr la definitiva separación de las decisiones del Estado del pensamiento secular o religioso. Nuestra Constitución asume en su artículo 59 la libertad de creencia, siempre y cuando esta libertad no pase por encima de los derechos humanos inherentes a cada persona. Trabajando en función de consolidar un Estado profundamente laico, donde el debate se centre en lo político antes que en lo ortodoxo religioso, dará otro carácter a la discusión social del tema.

Por la soberanía de los cuerpos y las cuerpas

El primer territorio de guerra es el cuerpo, contra él operan los principales mecanismos de dominación de la humanidad. Todo está diseñado para moldear, restringir y domesticar los cuerpos y las sexualidades. La ropa que usamos, las colas que hacemos diariamente, lo que comemos hace parte de la esclavitud moderna. Los cuerpos están categorizados, no todos los cuerpos importan por igual dentro del sistema piramidal.

Se viven momentos decisivos en esta etapa de la Revolución bolivariana, los desafíos están a la orden del día. La revolución exige de su militancia mayor nivel de exigencia, de estrategia y de radicalización. No es tiempo ya de medias tintas, dirían algunos, es tiempo de avanzar a paso contundente, teniendo en cuenta que el cuerpo es la principal trinchera de lucha y resistencia.

No podemos dejar de lado este territorio a defender y emancipar, nuestra revolución debe tomar cartas en el asunto asumiendo la lucha contra el machismo, contra el odio a las sexualidades disidentes o no será. Mientras exista un sólo excluido, una sola excluida, no habrá verdadero proceso revolucionario.