Hace un par de meses, yo intenté, sin éxito, matar un tigrito con el gabinete económico de la Alcaldía de Caracas. Al despedirme, solo una cosa se quedó rondando en mi cabeza: esa gente anda pensando en una moneda comunal llamada “Caribe” y yo quería ver su gestación.

Finalmente, el Caribe vio luz el pasado 15 de abril, y yo por fin palpaba una iniciativa económica no convencional para enfrentar la terrible escasez de efectivo en la ciudad.

Fotografía tomada de Tal Cual Digital

 


 

Estos billetes, además, eran agradables a la vista. Y usted tiene todo el derecho de tildarme de “banal”, pero yo sí creo seriamente que a este proceso histórico le ha faltado concretar una estética propia.


 

Fíjense, hace unos años, Cacao Venezuela, vendía unos bombones que eran mi delirio, sin embargo, la envoltura era tan pero tan grotesca (un papel aluminio arruga’o en una caja desarmándose) que yo no sé si habría sido capaz de regalárselos a alguien más.

El Caribe, en cambio, poseía una mezcla interesante. Al indagar supe que en efecto fue un trabajo conjunto entre la alcaldía, el Instituto Municipal de Crédito y el gabinete de economía popular, quienes realizaron la impresión de los billetes.

Sin embargo, estos billetes solo son aceptados en las denominadas “verbenas de Caracas”, donde semanalmente se vende desde harinas, granos, café, frutas, hortalizas, verduras, pollo, carne, pescado, arroz, hasta artículos de limpieza y aseo personal.

Al acercarme a una, en la Avenida Sucre, me enteré que para adquirirlos, uno debe acercarse a las taquillas del Instituto Municipal de Crédito Popular (IMCP) y comprarlos a través de una transacción electrónica (punto o transferencia). No obstante, estas taquillas están presentes en las verbenas.

Luego, usted paga con eso y finalmente el comerciante deberá llevar al IMCP el total de Caribes recibido y el IMCP le transfiere los bolívares a su cuenta bancaria (menos un 3%, la comisión que corresponde al Instituto).

Para el economista y profesor de la UBV, Pablo Giménez, esta es una forma de “enfrentar la situación actual con innovación y creatividad, para desalambrar el entramado de complejidades que agobian a los asalariados, al pueblo pobre”.

Él, al igual que yo, cree que “los grandes y encendidos debates teóricos sobre los diagnósticos y la búsqueda de culpables sin una acción transformadora son insuficientes”. Sin embargo, siempre es válida la duda: ¿Esto realmente puede funcionar?

“El tema es quién emite y bajo qué criterios esa moneda: ¿Existe transparencia sobre cuánto se está emitiendo?, ¿con qué criterios?, ¿qué transacciones se están haciendo posteriormente? Esta es la revolución que viene y tiene que ver con la confianza de las comunidades en el medio de pago que están utilizando”, afirma el economista argentino, Juan Valerdi.

En ese sentido, Valerdi recordó el “patacón”, una serie de bonos emitidos por la provincia de Buenos Aires en la crisis socioeconómica de 2001, cuando las arcas públicas estaban vacías. Estos billetes circulaban junto a los pesos.

Fue una moneda dura. La provincia de Buenos Aires, que es la más grande y la más fuerte económicamente, la aceptaba incluso para pagar los impuestos. Además, circulaba en un momento en el que había escasez de pesos, con lo cual o aceptabas eso o no vendías, puntualizó.

Por esta razón, Valerdi considera que si las autoridades municipales, en este caso la Alcaldía de Caracas, hacen una asociación sería y responsable con más comerciantes, la aceptación masiva es casi inminente y convertiría El Caribe en todo un “éxito”.

Fotografía tomada de ciudadccs.info

Aunque el Caribe no es una moneda comunal sino una iniciativa institucional, reflexionar sobre este tema, me hace pensar en la potencia que pueden tener las monedas vinculadas a economías comunales fuertes. En el 23 de enero también vio la luz el ‘panal’, un esfuerzo conjunto del “Colectivo Fuerza Patriótica Alexis Vive” y la organización vecinal “Comuna el Panal”.

No obstante, tanto el Caribe como las monedas comunales han tenido sus detractores, quienes afirman que se trata de un “retroceso” enmarcado en la “ilegalidad”.

“Eso es falso, las experiencias de monedas sociales cuyo ámbito de acción es la economía local viene ganando cada vez mayores espacios. En Europa está el ‘Bristol Pound’ de Inglaterra o el ‘Sysma’ de Finlandia. En América Latina, tenemos el ‘Tumín’ en 16 Estados de México; y el ‘Sanpaio’, ‘Aruak’ y el ‘Palmas’ así como otras 52 monedas sociales en Brasil, agrega el economista Pablo Giménez.

Pero, además, en Venezuela existe una Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal, que en su artículo 53 establece lo siguiente: “La moneda comunal, como instrumento alternativo a la moneda de curso legal, puede y debe facilitar el intercambio de saberes, conocimientos, bienes y servicios”.

Viéndolo así, las monedas comunales no serían solo una medida para contrarrestar el bachaqueo de bolívares sino también un pasito para avanzar en la creación de un verdadero estado Comunal… ese que ya casi no se menciona en el discurso gubernamental.