Yo, como profesora de periodismo interpretativo, siempre le propongo a mis estudiantes que llevemos a cabo dos ejercicios durante al menos quince días:

El primero de ellos, es escucharlo todo, ser una suerte de chismosos ambulantes, con el único fin de descubrir que los venezolanos, a mi parecer, somos los mejores cronistas orales del mundo.

El segundo es mirar la ciudad. Preguntarse, de repente, cuánto tiempo llevará esa estatua ahí, qué había en aquella esquina antes de que construyeran tal o cual edificio, por qué el dueño de aquel local le habrá puesto ese nombre tan pintoresco.

En el fondo, creo que necesito vincularlos con Caracas, desde el punto de vista histórico-afectivo, a ver si así conseguimos preservar su pasado y construirle un mejor futuro para que un día deje de ser ese “lugar de tránsito” al que hacía mención el dramaturgo, José Ignacio Cabrujas.

Para él, a finales de los 80, Caracas solo era un gran campamento:

“Quién sabe si al campamento le sucedió lo que suele ocurrirles a los campamentos: se transformó en un hotel. Esa es la mejor noción de progreso que hemos tenido: convertirnos en un gigantesco hotel donde apenas somos huéspedes (…) cuando me alojo en un hotel no pretendo transformar sus instalaciones, ni mejorarlas, ni adaptarlas a mis deseos. Simplemente las uso. No vivo en un lugar, me limito a utilizar un lugar”.

¿Será por eso que aún los caraqueños no hemos logrado mejorar nuestra relación (tensa, extraña, ambigua) con la ciudad? Al contrario, hoy el trato se ha frenado y retrocedido a raíz de la crisis económica que vivimos.

La situación ha hecho que el rostro de la ciudad nuevamente se torne oscuro: basura, huecos, iluminación precaria, etc. Pero, además, movilizarnos es toda una proeza, tener tiempo libre también, permanecer hasta “tarde” en las calles ni hablar. Son parte, quizás, de los “daños colaterales” de la situación.

Incluso hoy, aunque todos apreciamos que se le haga un cariño a la ciudad, muchos todavía no entendemos del todo los criterios bajos los cuales trabaja la iniciativa “Juntos Todo es Posible” que se encuentra desplegada en la Gran Caracas: ¿Por qué esta acera y no aquellos huecos? ¿Por qué no aquella plaza en vez de ésta? ¿Por qué la ciclovía que apenas tiene dos años de creada?

Hoy, muchos de nosotros nos sentimos entrampados en la capital. Hundidos en planificaciones esporádicas, obras aisladas, inacabadas o incomprensibles.

Empezando porque la ciudad de Caracas, vista de punta a punta, nadie la va a poder resolver desde su trocito de realidad. Porque hay realidades diferentes en la ciudad, cuando tú estás en Libertador la percepción es otra. Cuando estás en Chacao la percepción es otra. Cuando vas a Baruta es otra. Nos hemos convertido en trozos de realidades. Este pedazo es mío y este pedazo es tuyo.

Quizás haya llegado la hora en que nosotros, los pacientes urbanos, nos encarguemos (sin trampas, condicionamientos, ni chantajes) de dar la discusión en torno a lo que se quiere y se puede hacer para estar un poquito mejor… hasta transformar este gran hotel en un cálido hogar.