Cuando yo era niña, mis padres se mudaron al corazón de la Avenida Urdaneta. Por aquellos días (un diciembre del 98) yo salí corriendo a trepar las rejas del balcón porque un tipo estaba recorriendo la calle con un montón de caballos: “¡Mamá, vamos!”, le dije. Mientras ella se persignaba, uno de sus gestos habituales cuando se cree ante una locura.
Con el tiempo supe que uno de esos caballos se llamaba “Frijolito”, aunque luego le adjudicaran el nombre a su jinete: se trataba de Salas Römer y todo aquello formaba parte de una disparatada campaña electoral. En la misma contienda, Chávez era el tipo de la boina rara y las corbatas feas, el mismo que salía en un video acompañado por una rubia hermosa y una carajita que adornaba un arbolito mientras él nos deseaba felices “pascuas”.
De ahí en adelante: ¡No hubo campaña mala! Todas, absolutamente todas, fueron dignas del más profundo análisis (¡incluso la del Conde del Guácharo!) hasta que arribamos a los meses de abril y mayo del 2018.
Pues en pocos días, Venezuela vivirá uno de los procesos electorales más raros de su historia y también ha tenido una de las peores campañas electorales de las últimas décadas, donde de una u otra forma, los venezolanos hemos quedado llenos de dudas y miedo.
Maduro nos pide “paciencia” pero nos exige “10 millones de votos” si queremos que “les ponga los ganchos a las mafias económicas”. Mientras que, Henri Falcón, o, mejor dicho, su asesor, Francisco Rodríguez, quien parece el verdadero candidato, vocifera que nos pagará $75 mensuales, pero susurra que tendremos que esperar “cuatro años” para que esta cifra aumente.
Quizás por esto, por primera vez, desde que yo tengo uso de razón, los periodistas ya no podremos usar nuestro arraigado cliché: “Hoy Venezuela vive una fiesta electoral”, pues, la verdad, sin importar lo que digan las encuestas ni los actos políticos, hoy la euforia por salir a votar se ha diluido completamente, algo bastante grave si consideramos que incluso durante el asedio de las guarimbas: la gente quería asistir a la contienda.
En este sentido, la socióloga y analista Macryclen Stelling, cree que todos están resolviendo su día a día, la subsistencia, y eso provoca una suerte de apatía o de falsa paz (…) Yo no sé si eso va a afectar o promover el voto, pero hoy todo tiene que ver únicamente con la crisis económica (…) y aunque en los actos políticos se ve gran fervor y emotividad pues en las calles el país ni siquiera habla de las elecciones”.
Al ser consultada sobre qué recomendación les daría a los candidatos, respondió: “Dejar de ofrecer resultados mágicos inmediatamente después de las elecciones, sobre mejoras en la economía, le recomendaría que no hicieran esas ofertas (…) lo que viene en el país después del 20 de mayo probablemente va a ser difícil, incluso doloroso”.

Sin embargo, al periodista y fundador de Telesur, Aram Aharorian le preocupa el “día después”: “estas elecciones no son una ‘fiesta democrática’, sino una batalla, y en el fondo muchos nos preguntamos si estaremos o no en la víspera de un nuevo espiral de violencia (…) pues los principales partidos de la Mesa de Unidad Democrática prefirieron abstenerse, pero eso no es sinónimo de paz, sino todo lo contrario”.

Precisamente, “la paz” hizo que 8.089.320 personas votarán en las elecciones constituyentes. Pero, hoy, tenemos una crisis económica más aguda y un sinfín de países repitiéndonos día tras día que van a desconocer los resultados, cualquier resultado. Porque, hablando claro: ¿Realmente no hay dudas en torno al resultado?
Para analistas de la talla de Oscar Schemel “solo un candidato único de la oposición podría haberle disputado a Maduro, realmente, la reelección”, pero eso, por ahora, no es más que una ilusión, pues ni el coqueteo entre Falcón y Bertucci pasó a mayores.

Mientras que, para otros, como el director de Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, no se trata del adversario, pues la verdadera pregunta es: ¿cuántos venezolanos, potenciales votantes por Maduro, creen que existe una guerra económica, responsable de los altos precios y, en general, de la difícil situación económica del país? No existe ningún estudio, investigación, o incluso, ninguna encuesta que permita saberlo”.
Díaz Rangel cree que la gente “no confía en las explicaciones que se le ofrecen al país” y “la ininterrumpida y brutal alza de los precios” genera dudas en torno a la existencia de una “guerra económica” y mucho desgano a la hora de votar.

En este sentido, el constituyentista, Julio Escalona cree que “se vienen acumulando diversas decepciones por la corrupción, la tolerancia del gobierno (y los cuerpos de seguridad) con los especuladores, problemas en los hospitales, en el transporte público, la seguridad pública, dramas que vuelven a aparecer en las calles, con niños y niñas, pero ¿absteniéndonos o votando por los que proponen la dolarización resolveremos algo?”

Las palabras de unos y otros evidencian que “la economía” es y será el principal protagonista de los días por venir. “Por eso, Maduro asegura que a partir de su reelección arranca la nueva prosperidad económica para el país, pero no explica ¿cómo? Mientras que Falcón promete dolarizar, como un remedio mágico para todos los males, sin explicar sus verdaderas consecuencias”, comenta el sociólogo, Luis Salas Rodríguez.

En este sentido, el cantor Gino González, nos hace ver algo importante: “Las promesas de los opositores son muy alarmantes. Hoy ofrecen descaradamente soluciones que antes no se hubieran atrevido a plantear: Negociar con el FMI, dolarización del país e intervención “humanitaria” ¿Por qué lo hacen? No es ingenuo. Cualquier campaña publicitaria estudia previamente la conducta de la gente a quienes busca convencer”.

Por eso, la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora (CRBZ) cree que “Es imprescindible ganar con la mayor cantidad de votos, porque enfrentamos tanto la táctica de un sector de la derecha que convoca a no ir a las urnas para intentar quitarle legitimidad al resultado, como los efectos de la situación económica que lleva a un sector de la población a centrarse en resolver los problemas básicos ligados al aumento de precios, desabastecimientos de productos claves, malos servicios en aspectos centrales como el gas o el agua, una situación económica que desmoviliza, aleja”.

Para lograrlo, la economista Pascualina Curcio señala que hoy detener la hiperinflación es la tarea urgente, pues no solo pulveriza el salario real, también contrae la producción nacional, estimula el acaparamiento, alimenta el contrabando de extracción, hace insuficiente el presupuesto público” y pare usted de contar. Entonces ¿en qué terminará todo esto entonces?

La oposición durante años votó por candidatos que no le gustaban con tal de sacar a Chávez del poder, ¿hoy una parte del chavismo hará lo mismo con tal de evitar la llegada de la derecha? ¿Qué hará finalmente esta oposición que se debate entre un candidato que les recuerda a Chávez (Falcón) y la absurda abstención? ¿O acaso aún tiene otra carta bajo la manga?
Pues, el mismísimo vicepresidente de los EEUU, Mike Pence se paseó, hace pocos días, por la OEA donde se atrevió a decir, refiriéndose a nuestro país, que “los estados fallidos no tienen fronteras”, luego aseveró que Trump “hará lo que sea necesario”, refiriéndose claramente a una intervención militar.
Amanecerá y solo entonces veremos.