Ellos arrancaron “a pata” el pasado jueves 12 de julio desde Acarigua, estado portuguesa, hasta el Palacio de Miraflores, ubicado en Caracas. Su marcha rindió homenaje a Jesús León y Guillermo Toledo, dos campesinos nativos de portuguesa, que fueron asesinados en el hato “Palo Quemado” (Barinas) a mano de sicarios.

El esfuerzo incluyó varias pernoctas: de Guanare a La Aparición de Ospino (1era), desde ahí hasta Acarigua (2da), luego hasta el Sector los Hijitos entre Agua Blanca y San Rafael de Onoto (3era), después en San Carlos (4ta) donde hubo un alto para rendir homenaje a Ezequiel Zamora, luego se avanzó hasta llegar a Carabobo, para un par de días después alcanzar la capital.

En total, fueron más de 500 kilómetros andados. “La mayoría somos del Llano y la altura nos pegó, nos golpeó el cansancio, fuimos piano a piano, pero con voluntad (…) A unos hubo que dejarlos en reposo, mandarlos en la avanzada como cocineros, regresarlos a curarse las ampollas”, expresó el representante de la Plataforma de Lucha Campesina, Arbonio Ortega.

Por eso, durante el trayecto, fueron bautizados como la “Marcha Campesina Admirable”. A la capital arribaron por Tazón, transitaron la autopista Valle-Coche y a la altura de la estatua de Alí Primera se abrazaron con el pueblo caraqueño.

Precisamente, al acercarnos al centro de la ciudad, donde reposan todos los poderes, las palabras del padre cantor resonaron con fuerza en mi cabeza: “Yo soy quien levanta el sol, yo soy quien acuesta el sol, yo lo soporto en el lomo pa que usted viva mejor”.

En medio de aquel apogeo, Gerardo Sieveres, campesino encargado de la vanguardia de la movilización nos regaló su relato: “Algunos nos decían malas palabras, pero decenas nos tocaban la corneta y nos daban ánimos. Unos nos gritaron ‘muertos de hambre’ y mira: yo como todos los días, y como bien, como yuca, plátano, huevos, de todo, porque lo producimos en el campo, entonces no entiendo esa expresión. Nos ven caminando y nos creen locos, pero no, nosotros solo queremos desatar la esperanza”.

Los campesinos quieren denunciar una escalada de atropellos, injusticias y crímenes registrados ante la indiferencia de las autoridades competentes o -peor aún- con la complicidad de algunas. Además, piden que se investigue el desempeño de las empresas estatales de producción de alimentos. Por ejemplo: Agropatria y Pedro Camejo.

“¿Qué nos motiva? La necesidad. La necesidad que se sufre en el campo. ¿Producto de qué? Quizás no de las políticas implementadas por Maduro, pero sí de personeros internos que se prestan para que las cosas no les lleguen a los campesinos: los insumos a tiempo, la regularización de las tierras. Esas son nuestras prioridades”, expresó el campesino, Arbonio Ortega.

No obstante, sí le hacen un llamado directo al presidente: “Queremos decirle que considere al campesino como el elemento y eslabón principal de la cadena alimenticia. No es posible que se siente con los otros sectores. Y con el campesino jamás haya una mesa donde nos podamos sentar”, agregó.

Por eso, los campesinos no se conformaron con ser recibidos por la Asamblea Nacional Constituyente. Así como tampoco se frenaron cuando el presidente del Instituto Nacional de Tierras (INTI), Luis Soteldo, los interceptó en Cojedes para plantearles “la instalación inmediata” de mesas de trabajo: “Mesas sí, pero en Caracas y con Maduro”, afirmaron.

Sin embargo, a medida que pasaban las horas, era evidente que el presidente no iba a recibirlos, o al menos no ese mismo día.

“Yo no tengo la menor duda de que el presidente nos va a recibir y creo que va a ser lo más pronto posible, nosotros lo vamos a esperar porque somos respetuosos con su agenda, pero después de recorrer más de 500 kilómetros, queremos verlo a los ojos, que nos vea el alma y se contagie con tu misma esperanza”, me dijo Gerardo, con una seguridad envidiable.

Con el paso de las horas, los rumores crecían: “Delcy dice que la marcha está infiltrada por adecos y por eso no la quieren recibir”, “dicen que una de las organizadoras firmó contra Chávez”, “algunos en el gobierno creen que la movilización es instrumentalizada por la derecha”. Un argumento más absurdo que el otro. Y los campesinos ahí: firmes, con la tranquilidad que te otorga el tener la conciencia limpia.

“A nosotros no nos cabe la menor duda de que en el gobierno hay dos corrientes: una revolucionaria que está disminuida. Y otra, también dentro de la dirección, que hace negocios con lo que nos toca al pueblo. Por ejemplo, a nosotros no nos ayuda que se nos de un crédito pero se nos abandone en el campo. Estamos planteando un programa que nos permita ir desde la fase de producción hasta el abastecimiento”, expresó Gerardo.

Ante esto, Arbonio Ortega reconoce que “se han hecho algunas comisiones desde la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para tratar estos temas, las maneja María Alejandra Díaz, y le mandamos nuestro saludo y agradecimiento, pero ya no depende solo de ella. Hay cosas que se han logrado: si, es verdad. Pero también hay mucho por lograr y no podremos hacerlo sino se combate la corrupción, la indolencia, la incapacidad y la burocracia dentro de las instituciones”.

Pero, no podíamos seguir sin escuchar la voz femenina: “Necesitamos avanzar en la titularidad de la tierra, de los predios recuperados, requerimos más insumos (…) Se debe luchar contra el maltrato hacia la mujer campesina, la corrupción, los bachaqueros, porque acá las instituciones están repletas de un ladronismo fuerte, y no me interesa decirlo, también algunos funcionarios nos quisieron trancar, impedir que llegáramos, pero nadie puede contra la solidaridad de quienes nos recibieron: casa, comida, todo”, nos relata, con franqueza, Lita Burgos.

La marcha entró en la recta final: Avenida Urdaneta. Pero, de golpe, en la esquina de Veroes, se empezaron a vislumbrar un par de piquetes policiales: primero, un contingente de la Policía Nacional Bolivariana. Después, otro de la Guardia.

Los campesinos mantuvieron la calma, la madurez política: entonaron el himno nacional y se sentaron en fila india a esperar, pues una pequeña comisión seria recibida por el presidente de la ANC, Diosdado Cabello. Pero ¿y el presidente de la nación? Dijeron que salia a las seis pm, pero se hicieron las 7, las 8, las 9, y no alcanzamos a verlo.

Mientras tanto, los medios alternativos intentábamos llenar el vacío reinante en los oficiales. Pues, a decir verdad, los medios del Estado decidieron, nadie sabe cómo ni porqué, que “la marcha campesina no sería transmitida”.

En medio de aquel intento, Lita me paso por un costado, me acarició la cadera con su mano derecha y me dijo: “No importa si el presidente no nos atiende hoy, puede ser en el transcurso de la semana (…) Tranquila, en la biblia dice ‘ayuda idónea’: unos a otros (…) además, nosotras somos más resteadas que ellos, tenemos los cojones, o bueno, los ovarios, muy bien puestos”.

Yo, que hace mucho no leo la biblia, sonreí. Entre los campesinos había diversidad, de religión y pensamiento, de tonalidad discursiva, pero todos coincidían en un par de respuestas:

  • ¿Qué fue lo más difícil? “Nada”.
  • ¿Y lo más bonito? “El amor del pueblo”.

Por eso, cuando la comisión salió a decirles que Maduro no los recibiría hoy ¡ninguno se entristeció ni se frustró! Al contrario, algunos se quitaron los zapatos y otros se echaron a dormir en pleno asfalto.

Los campesinos resistían incólumes, mientras los caraqueños maldeciamos: “Que bolas, esta burocracia de mierda”.

Pero, unos y otros, teníamos la misma sensación: era como mirar a los ojos a un compañero y descubrir que el amor sigue vivo. Saber, de golpe, que en nuestra movilización se encuentra la única posibilidad de sacar a este proyecto político del estado de coma en el cual se encuentra.

Fotografías: Holrich Jacques y ANC.