Una gatica querendona se asomó por entre los boquetes de los malos augurios y ronroneó a viva voz: “en Venezuela vivo, amo y me siembro”.

María Loa se llama la minina que nos sopla desde su aliento mágico recetas, pócimas y menjurjes con ingredientes de la gastronomía popular. La gatica está convencida de que “todo amor comienza por la boca”.

Nos recibe con un guarapito que combina toronjil, malojillo, menta y papelón. Una degustación sencilla y contundente que sirve para proteger el aparato digestivo. A su vez, nos remite a una noción de territorio desconocido donde se fraguan los sabores originarios de la matria.

La gata nos da a probar las “arañas” que ofrecía Chávez con su canto picaresco: “Arañas calientes pa’ las viejas que no tienen dientes”. Una receta patrimonial de Barinas, recóndita y laboriosa porque la lechosa verde hay que saberla deslechar y luego tasajear para que no se parezca a otra cosa.

Nos ofrece a olfatear el perfume rico de la sarrapia de Bolívar, que sustituye a la vainilla y casi se desconoce porque las cosechas de sarrapiales se las llevan íntegras al exterior para hacer Amargo de Angostura. El mucumapuriun, originario del pueblo barí de la Sierra de Perijá, que por ahí llaman semilla de “toddy” y cuando lo procesas te sabe a cacao. La malagueta, que sustituye al clavo de olor y es más nuestra que la arepa.

Se estira elástica y con gracia, y nos despliega su alquimia: la torta melosa con harina de casabe que le hacían al Libertador con dátiles caraqueños; la torta de auyama y confituras de naranjas; el buñuelo de yuca relleno de mermelada de guayaba, bañado en papelón; sus vinagres orgánicos de tamarindo y piña; sus mermeladas de pomalaca y ají jobito de Sucre.

La mamá de la gata

Laura Díaz es la artífice: la madre, guardiana, creadora de la gata. Una artesana culinaria, fotógrafa y activista social que se define cuando describe lo que hace: “El propósito va unido a lo enamorada que estoy de mi terruño y a la alegría que me proporciona contar historias, experimentar recetas, cultivar las hierbas, compartir semillas y tejer redes”.

Laura Díaz, María Loa, una real y la otra imaginaria, están tributando amor por lo mínimo en ese ejercicio cotidiano de resistencia. Sobrevivir, en este caso, termina siendo un placer del paladar.

El origen, cuenta Laura, fue crear un personaje que enamorara mostrando unos de los caudales del inmenso delta que es la venezolanidad.

A través de la cocina experimental, Laura rescata ingredientes de la tierra y se adentran en la elaboración de alimentos, dándole prioridad a una savia heredada y desconocida. Se les puede hallar virtualmente a través de las redes sociales, y físicamente en la feria conuquera de Los Caobos, en la antesala del Centro Nacional de Fotografía, en la plazoleta del Banco Central de Venezuela, con las fórmulas magistrales que aplican a la propuesta bautizada como Cocina Sensorial y Ancestral de la gata María Loa.

– ¿Sensorial y ancestral?

– Porque cada receta está pensada para que volvamos a través de los sentidos al hogar.

“La vida está en la muela”, nos cuenta Laura que le decía su abuela. “Para vivir tenemos que oler, comer, escuchar, tocar… alimentar el cuerpo y el alma”.

 

La gata maúlla

Nos toca, en los días que corren, seguirle la pista a la gastronomía alternativa, un sibaritismo de la supervivencia que es pasto fresco para la identidad y el autosustento, otra manera de vivir la nutrición.

“Es hermoso ver cómo aflora el orgullo del oriental cuando encuentra sus ajíes jobito, sus pomalacas, su jobo y su papelón de Paradero en una mermelada; la contentura de los larenses al encontrar que sus piñas se convierten en un vinagre orgánico, y el asombro de los mirandinos al hallar sus mangos vestidos en un picante que se engalana con hojas de menta del suelo guatireño”, nos narra Laura.

El futuro llegó y mandó a detener el festín de comida chatarra al que nos acostumbró la Venezuela opulenta que se paseó vanidosa durante la bonanza petrolera, facilitándonos el consumo desmedido e irresponsable.

El contexto: una Venezuela dividida en posturas, con incongruencias en los iconos que nos representan como pueblo, bajo una fuerte crisis alimentaria por la ausencia de patrones saludables en la ingesta diaria y la escasez de los rubros prioritarios.

El objetivo es claro: diseñar y producir alimentos saludables con ingredientes locales, que sean accesibles, suculentos y reparadores.

“El venezolano se desacostumbró a cocinar; le fueron arrebatando poco a poco las recetas de las familias, con los ingredientes que conseguía en el conuco, y en esa medida nos fueron imponiendo otros gustos e ingredientes y lo autóctono fue desapareciendo, no solo de las mesas sino de los cultivos”,  cuentan Laura… y María Loa. El desafío es trascender los vestigios de la era del automercado y la comida rápida: “hay que enseñar a la gente a hacer nuestra cocina”.

Es una cruzada personal que abolió el desconsuelo y aprovecha la oportunidad para recuperar el patrimonio y la emotividad de nuestros sabores. A Laura le viene de familia. Mujeres que estuvieron siempre alrededor del fogón en el asentamiento agrícola Pitahaya, de los Valles del Tuy. Con esos aromas nos hala de la nariz: “Sientes que hay algo ahí que te regresa a un lugar que es tuyo, a un sabor que te pertenece”.

Demandan lo que todo emprendedor necesita: asesoramiento técnico, equipos, acceso a la materia prima, espacios de comercialización ordenados pulcros y constantes; vitrinas turísticas y movilización. Y todo lo demás.

Laura es mujer, con acento en el vientre, y como todas las que conozco y están en combate contra el desaliento, lucha desde las entrañas como hembra, madre, compañera y patriota.

“Sin una mujer no es posible la vida, sin su inspiración no es posible un cambio sostenible, sin su energía creadora no hay revolución humanista”, dice Laura, o la gata, quién sabe…

A modo de ping pong

  • Lo mejor de la experiencia: “Darle vida a María Loa”.
  • El mayor reto de la experiencia: “La reintroducción de ingredientes propios venezolanos en nuestra mesa”.
  • Lo que no volvería a hacer: “Revelar mis ideas antes de plasmarlas”.
  • La experiencia en tres adjetivos:  “Emprendimiento, compromiso y amor”.
  • Una canción que la identifique: “Corocora con Tucán del Maestro Jorge Ball, ¡la gatica joropea con esa!”.

La gata María Loa te da una ñapa de su recetario

Dónde encontrar a Laura y su gata

Gmail: gatamarialoa@gmail.com 

Twitter e Instagram: @GataMariaLoa

Blog: gatamarialoa.blogspot.com   

Fotografías: Enrique Hernández / Miguel Altuve / Starling Monroy​ / Laura Díaz