Contexto general

El presidente Nicolás Maduro Moros ha asegurado que a partir del 20 de mayo la Revolución Bolivariana entraría en una nueva etapa. Después de la victoria electoral, en su discurso de juramentación frente a la Asamblea Nacional Constituyente habló de seis líneas estratégicas de acción para este nuevo periodo, entre ellas por supuesto la economía, la lucha contra la corrupción y una de las más resaltantes políticamente: la ratificación del socialismo como rumbo del proceso bolivariano.

Sin duda, todas las venezolanas y venezolanos compartimos las dos primeras como prioridades del momento actual, independientemente de los niveles de confianza en el gobierno para abordar estos problemas; todo el mundo quiere que mejore la economía y que se acabe la corrupción. Mientras que posiblemente el socialismo como rumbo es una aspiración de, aproximadamente, un tercio de la población.

Visto así, pareciera que las aspiraciones de la población sobre qué hacer están cubiertas. El tema ahora está en cómo hacer para mejorar la economía y combatir la corrupción y, a la vez, conservar el rumbo socialista y convencer a los otros dos tercios del país de que ese es el camino más beneficioso para todas y todos. Todo esto tiene de fondo una situación material que avanza a un ritmo vertiginoso: aumento de precios, desaparición de productos vitales, progresiva paralización del transporte, malfuncionamiento de servicios básicos que van desde el agua hasta la telefonía móvil, como algunas de las señales más alarmantes del momento actual.

Venezuela está en guerra, una guerra donde -aún y a Dios gracias- no caen bombas. Se trata de una guerra cuya estrategia actual es el sitio o el asedio que consiste en cercar al enemigo y cortar todo suministro para debilitarlo o forzar la rendición, porque de lo contrario no podrías derrotarlo. Es la habitual imagen moderna muy popular en cine y TV, de castillos rodeados hasta la rendición o una batalla final con una fuerza menguada.

Sin duda y frente a ese escenario, la dependencia de suministros externos, la precariedad en las formas internas para el autoabastecimiento, las debilidades del sistema de gobierno, así como la exacerbación de las formas internas de explotación y apropiación directa o indirecta de la riqueza y el patrimonio común, son factores que posibilitan el éxito del sitio, funcionales a la agenda del enemigo que sabe muy bien cómo aprovecharlos a su favor.

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  • Seis líneas de acción: 1. Diálogo y pacificación de Venezuela, 2. ‎Avanzar hacia un acuerdo económico productivo, 3. ‎Lucha renovada y frontal contra la corrupción, 4. Protección del pueblo, 5. Defensa de la nación frente a los ataques extranjeros, 6. Ratificar el rumbo hacia el socialismo. Ver el discurso completo: https://www.youtube.com/watch?v=zuGJymSmrV4
  • De acuerdo con los resultados de las elecciones presidenciales, el chavismo como un todo obtuvo los votos de un poco más de 32% del electorado nacional. Obviamos el análisis de la composición del voto en este artículo, enfatizando que este número es un primer aproximado de apoyo al socialismo como proyecto.

Este planteamiento del problema compete, a nuestro juicio, no solo al gobierno, ni siquiera solo al chavismo, nos compete a todas las venezolanas y todos los venezolanos que padecemos en nuestras vidas, en nuestros cuerpos, en nuestras comunidades, el rigor de la crisis generada por el sitio de los últimos cuatro años y lo único que tenemos para enfrentarla es nuestro trabajo, nuestra inventiva, nuestra -inquebrantable- voluntad de vivir.

Bajo esta premisa, en el año 2017 realizamos una investigación que avanzó en la caracterización de cómo resuelve la vida la mayoría de la gente en las comunidades populares caraqueñas. Los hallazgos de dicho proceso nos permiten formular algunas reflexiones a partir de los “milagros” cotidianos que hacemos en medio del asedio, que nos hablan de cambios dramáticos y que nos arrojan datos sobre cómo abordar uno de los mayores retos frente de la guerra: lograr la supervivencia del día a día.

Se trata entonces de mirar con rigor análitico las reconfiguraciones que se abren en campos como: el trabajo, el consumo, los subsidios estatales, las redes de solidaridad, el patrimonio colectivo y los modos de vida en general. Reconfiguraciones, que a nuestro juicio abren múltiples posibilidades de giro: sin duda, los poderes hegemónicos alimentan la crisis como oportunidad de giros radicales a la derecha, giros restauradores, coloniales; la pregunta sería si, en contraparte, habrán sectores de izquierda capaces de agrupar fuerzas para hacer de la crisis oportunidad para giros descoloniales, giros comunales.

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  • Es necesario decir que estas formas de explotación son múltiples y de variada naturaleza. La corrupción, es a nuestro juicio, una de las formas políticas del despojo de lo común, pero eso será materia de otro análisis.
  • Entre la resolución del día a día y la administración de lo común. Tensiones y posibilidades en contextos populares urbanos frente a la crisis venezolana” por Edith Pineda Arvelo, Mariana Garcia-Sojo y Hernán Vargas próxima a publicarse como parte de una compilación de la Fundación Rosa Luxemburg.

Algunas precisiones metodológicas

Trabajamos con comunidades populares urbanas de zonas periféricas en el área metropolitana de Caracas, sectores del barrio Maca, el barrio José Félix Ribas y el complejo habitacional planificado Ciudad Caribia.

Para acceder a los flujos de sentido y dar cuenta de la experiencia subjetiva de los y las sujetos populares en estos tres sectores urbanos alrededor de nuestro tema de interés, realizamos, a mediados de 2017, grupos focales y entrevistas semi-estructuradas, para cuya interpretación tomamos minuciosamente en cuenta los contextos de las y los sujetos populares. Ambas estrategias dispuestas en función de dos perfiles generales de sujetos –nuestras unidades de análisis–: Sujetos organizados, Habitantes promedio de la comunidad.

No obstante, los perfiles participantes en la muestra analizada no se reducen estrictamente a aquellos descritos: la diversidad de la organización comunitaria y sus complejidades tiene una expresión en las y los sujetos participantes de la investigación.

I. El trabajo: entre el comercio, el rebusque y el trabajo reproductivo

A. El trabajo asalariado agoniza

El mercado venezolano interno no requiere dolarización, ya está dolarizado; pero no al valor de cambio del dólar a nivel internacional, sino a un marcador paralelo que responde a una triangulación financiera que forma parte del asedio. La mejor síntesis de la situación está en las palabras de un compañero militante merideño: “Venezuela es el país más caro del Mundo para quien gana en bolívares y -al mismo tiempo- es el país más barato del mundo para quien gana en dolares”.

Esta situación hace que se invierta la valoración que el salario y el empleo fijo habían ganado en los últimos veinte años, donde hasta ahora la mayoría de la clase trabajadora aspiraba a tener un empleo fijo con salario, preferiblemente del Estado, porque garantizaba estabilidad material a futuro. Hoy día ocurre una desbandada, la gente renuncia a su trabajo asalariado porque el monto fijo de pago no le permite cubrir la variación permanente del marcador de la economía: el dólar paralelo.

B. ¿La gente deja el trabajo asalariado y hacía donde se va?

Hay tres grandes desplazamientos de esa clase trabajadora ex-asalariada:

  • Unos se van a otra región del país donde haya algún campo de trabajo más lucrativo con mayor circulación de rentas, como es el ejemplo de las migraciones hacia la zona minera para insertarse en alguno de los circuitos especulativos asociados a las minas (comida, transporte, armas, drogas, prostitución, etc.).
  • Otros se van del país en búsqueda de ingresos en dólares; buena parte de estos desplazamientos son pendulares, “van y vienen” por la condición favorable del cambio paralelo que permite mantener la vida familiar acá con una remesa periódica. Sin duda hay otros que progresivamente logran la migración de todo su grupo familiar.
  • Quienes se quedan, se dedican al comercio porque es un sector dolarizado, por lo tanto, los ingresos se ajustan permanentemente al ritmo del valor de cambio del mercado paralelo.
C. El trabajo se vira hacía el comercio, la economía se bachaqueriza

La gente tiende a dejar su trabajo asalariado y se dedica al comercio, al mundo de las reventas. Otrora este desplazamiento significaba, por ejemplo, comprar mercancía en otro país para revenderla en Venezuela, ya que la política de control cambiario y acceso a dólares preferenciales hacían de esto un movimiento rentable. Aunque no es un movimiento que haya desaparecido, a la fecha la rentabilidad principal está en revender las mercancías subsidiadas por el Estado, ya sea aquellas que importa de manera directa (CLAP de México, Brasil, entre otros) o porque subsidia su cadena de producción privada (Empresas Polar, por mencionar el oligopolio más visible). Presumimos entonces que un porcentaje muy importante de la población venezolana vive en este momento de la reventa de mercancías, es decir, del bachaqueo.

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  • El cómo se origina dicha triangulación y su desarrollo del tiempo es materia central de trabajo del equipo de 15 y último, se recomienda revisar sus articulos a profundidad: http://www.15yultimo.com/tag/dolar-today/
  • En un debate a propósito de estos temas con los compañeros de Tatuy TV Comunitaria surgió esta expresión acuñada por el compañero Juan Carlos Lenzo “Juancho”.
D. Guerra al bachaqueo o a la economía -colonial- bachaquera

El bachaqueo es un verbo peligroso porque en la cotidianidad apunta a igualar prácticas y sujetos completamente antagónicos: la señora que sale muy temprano a recorrer colas para encontrar algunos pocos productos subsidiados para el consumo familiar; los que hacen colas como forma de rebusque para que les paguen un porcentaje por haber hecho una cola para comprar productos que no necesariamente son para él o ella; y las grandes mafias que controlan las colas y acaparan los productos subsidiados directa o indirectamente.

En esta situación urge “separar la paja del trigo” para poder desplegar una estrategia efectiva que proteja el consumo familiar al tiempo, que ataque a las mafias bachaqueras tal como ha sido la voluntad declarada de gobierno. Esta orientación nos parece correcta pero sin dejar perder dos datos centrales:

  • Estas mafias están estructuradas siempre por bandas civiles, cuerpos de seguridad y empresas distribuidoras-comercializadoras, que actúan como una trinidad inseparable: cuando atacas un pequeño eslabón el resto de la cadena repara y sustituye de manera inmediata. Así que atacas a la trinidad completa o no atacas nada.
  • Entre la mafia que controla y la familia que consume el producto bachaqueado existe una masa tercerizada de gente que se “resuelve” en tareas intermedias asociadas a este comercio; es la economía que colonialmente nos impusieron en todo el país y que opera desde hace siglos, pero que se ha exacerbado en medio del asedio. Por todo esto, nos parece que no se trata de atacar el bachaquerismo, sino de descolonizar una economía que es y ha sido esencialmente bachaquera siempre.
E. Entre las mafias y el consumo familiar: el rebusque y el tigre

En medio de la crisis que genera el asedio proliferan las formas de trabajo que no suponen empleo asalariado, tampoco oficios. Son actividades a destajo que surgen como pequeños desgloses tercerizados en los circuitos económicos especulativos, parte del entramado intermediario entre el consumo y las mafias que controlan dichos circuitos.

La lista es interminable, creciente en su diversidad y constante variación; solo por nombrar algunos: hacer colas para comprar productos subsidiados, atender ventas de loterías (animalitos, vende y paga, parleys), prestar punto de pago para débito o crédito, cambiar dolares u oro, minería en El Guaire, pegar bloques, cargar sacos de arena, entre muchos otros. Con respecto a estos últimos toca decir que los oficios asociados a la construcción como albañilería, herrería, carpintería caen en un gran desuso, sobre todo en la medida en que eran la cantera de la autoproducción de las viviendas en el barrio, y de una cultura popular que es desplazada generacionalmente.

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  • El Estado venezolano hasta donde conocemos en su historia moderna siempre ha contratado servicios privados de importación, incluso en las décadas recientes donde se estructuró un sistema público de abastecimiento ha registrado figuras mercantiles que le permitan acceder al comercio internacional.
  • Es necesario caracterizar bien las cadenas productivas de los principales oligopolios nacionales porque varios análisis sugieren que la mayoría de sus redes son de importación, empaquetado y reventa interna, sin mencionar la intermediación con los pequeños productores del campo.
F. El malandreo es una actividad corporativa que controla varios circuitos económicos

A diferencia de la prédica moralina, el malandreo no es una opción ética, un problema de valores. Es básicamente una opción económica, una forma de resolver la materialidad, que como cualquier otra tiene una carga simbólica. Se trata de un entramado corporativo: con distintas escalas de acción más allá del barrio, con diversificación de tareas, con criterios claros de funcionamiento, que operan en función del control de los distintos circuitos económicos del territorio (protección de comercios, rutas de distribución y comercio, proveedores, etc.) desde las drogas y las armas hasta la comida y los servicios.

Tal como planteamos en una idea anterior, las bandas armadas siempre operan de manera articulada con cuerpos de seguridad del Estado y con sectores empresariales, de hecho la línea de separación es casi imperceptible cuando se trata de los circuitos económicos en los que funcionan, que suele ser la reventa de todo tipo de mercancía.

G. Trabajo a cambio de bienes de uso

Surge en medio del más terrible asedio de nuestra etapa moderna republicana una expresión que no había tenido hasta ahora visibilidad: la gente intercambia su trabajo por bienes de uso, por comida u otros enseres básicos y no por dinero, ya que el mismo no vale nada.

Cuando hablamos de la agonía del trabajo asalariado no significa que todo el mundo renuncia. De hecho, la mayoría de la gente conserva su trabajo porque este le permite acceder a alimentos subsidiados con periodicidad, y esa posibilidad resulta mucho más importante para esa familia que un aumento salarial.

Esta relación se evidencia incluso en los trabajos a destajo, rebusques y/o tigres: la gente intercambia un servicio, su trabajo por comida o por otro producto que tiene un valor de uso para su familia mayor al valor de cambio del dinero. A esta tendencia se suma la gran dificultad para acceder a dinero efectivo, por lo tanto, los intercambios directos de bienes de uso o servicios pueden llegar a ser mucho más eficaces en medio de la crisis.

H. La centralidad invisible del trabajo reproductivo y del cuidado

En condiciones normales, es decir en una economía capitalista aparentemente funcional, el trabajo de cuidado que permite la reproducción social familiar y comunitaria es invisibilizado, no existe, y por lo tanto, no tiene valor. El asedio incrementa este trabajo. Sin todas las horas que se le dedican a la búsqueda de alimentos, procesamiento de los mismos, cuidados que antes se pagaban a un tercero, entre otros, sería imposible la vida comunitaria.

A pesar del aumento del peso del trabajo reproductivo y de cuidado en la cotidianidad, este todavía no se visibiliza en su justa medida, aún cuando se reconoce la importancia de la mujer en la batalla diaria de estos años. Valdría mencionar que en algunas ocasiones la crisis fuerza a la socialización de algunas de las tareas de cuidado en la familia, más allá de la mujer. Sin embargo, esa socialización no es igualitaria, reproduce la lógica patriarcal, es decir la mayoría del trabajo reproductivo recae sobre el cuerpo de las mujeres quienes absorben la mayor parte de la crisis, su esclavitud a las tareas del hogar y la comunidad aumenta.

Nos parece importante mencionar la irrupción de la agricultura urbana como una de las respuestas a la crisis; no es masiva ni determinante, pero sí es muy significativo simbólicamente el hecho de que las familias utilicen jardineras y materos para siembra de rubros básicos del consumo familiar como los aliños o tambien matas medicinales. Sin contar con las áreas subutilizadas en periferias urbanas o zonas recuperadas donde se desarrollan pequeños huertos o conucos familiares, que en el peor de los casos sostienen el autoconsumo familiar y cuando hay excedentes se venden a la comunidad. Este proceso supone una reconexión de las personas y sus familias con la Madre Naturaleza.

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  • La situación de tensión se expresa en que no desaparecen los rebusques asociados a trabajo reproductivo o del cuidado, pero sin duda hay familias que dejan de pagarlos.

Síntesis parcial

Teniendo de marco estos resultados queremos compartir algunas ideas fuerza que pretenden aportar a las preguntas iniciales de este texto: ¿cómo hacer para combatir los problemas fundamentales del quehacer actual? . Haciendo la salvedad de que esta es apenas una primera entrega que está centrada en el tema del trabajo y, por lo tanto, no permite tener una mirada sobre la totalidad de las formas de resolución de las condiciones materiales de vida.

Nuestro análisis tiene una apuesta: cómo posibilitar un giro descolonial hacía lo comunal en un momento de crisis, que no solo abre posibilidades apocalípticas; nuestra hipótesis es que, como nos enseñó Chávez, podemos “correr hacia adelante” en medio del peor momento.

La arremetida interna debe ser contra la economía de las reventas especulativas, contra la economía -colonial- bachaquera. Esta idea supone varias precisiones:

  • La primera es identificar que la llamada economía bachaquera no es un fenómeno reciente, por el contrario, es la exacerbación de la economía colonial que heredamos, así que no podemos tratarlo como un asunto coyuntural y superficial; subestimarlo sería una negación de la lucha histórica. Superar el bachaquerismo pasa por darle carne a una revolución cultural eternamente postergada (y ya bastante anunciada discursivamente).
  • La segunda es que no se trata de una guerra contra los bachaqueros, es fundamentalmente contra las mafias que controlan estos circuitos económicos, y esas mafias tienen siempre tres componentes a los cuales hay que golpear simultáneamente, es una trinidad conformada por bandas armadas, cuerpos de seguridad y empresas comerciales distribuidoras.
  • La tercera es que no basta con desactivarla, hay que sustituirla por una forma alternativa de abastecimiento, distribución e intercambio, que tenga como objetivo central garantizar el consumo familiar y no la mercantilización de la comida.
  • La cuarta está asociada a la tercera: el objetivo de los CLAP debería ser depurar sus fallas en la perspectiva de ser base de un sistema de distribución directa comunal que desplace al sistema mercantil existente.

El pueblo venezolano está siendo sometido a una “Doctrina del shock” en este momento, el asedio persigue confundir y desesperanzar, por lo tanto es fundamental recomponer la esperanza en torno a una causa común: garantizar la reproducción de la vida de la población, ese debe ser el fin último de todo el accionar de gobierno.

Y específicamente el trabajo debe ser incentivado como reproductor de vida, en varios niveles: el nivel familiar como socialización de las tareas reproductivas; luego el nivel comunitario en torno a comida, servicios, transporte; y por último, el nivel laboral donde debe ajustarse la contribución de la función pública a la reproductividad del país.

Esta coyuntura abre además la posibilidad para sustituir valores de cambio por valores de uso: es fundamental incentivar el trabajo a cambio de valores de uso, eso permite desmercantilizar la economía y cortar la dependencia del valor de cambio marcado por el enemigo, la estrategia nuestra no debe ser frenar la agonía del trabajo asalariado, se trata de favorecer un desplazamiento hacía el trabajo realizador, el que te permite garantizar las condiciones materiales de vida para tu familia y para tu comunidad.

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  •  La “Doctrina del shock” ha sido teorizada por Naomi Klein [2007] en su obra homónima  como una estrategia con distintas ediciones sobre poblaciones o Estados-Nación que ha perseguido la desarticulación de la psiquis colectiva para impulsar transformaciones radicales de derecha.