Creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa…

Aquiles Nazoa

En la ciudad de Mérida vive uno de los mejores hacedores de juguetes de Venezuela. Reconocido con el Premio Excelencia Unesco en 2014, Mario Calderón ejerce su oficio y resguarda sus juguetes bajo el manto de la serranía merideña. Su morada es también la Fundación Casa del Juguete, pues poco a poco los juguetes fueron expandiéndose por todo su hogar y hoy en día no existe recodo de la vieja casa sin alguna repisa o estante para exhibir caballos de madera, carros de hojalata, muñecas de trapo o soldados de plomo.

La casa-museo de Mario Calderón puede ser visitada por todo aquel que quiera adentrarse en una de las colecciones de juguetes más acuciosa y sorprendente que existe en el país. Más de 3000 juguetes de todas las décadas del siglo XX, incluso de finales del siglo XIX, conviven con juegos y juguetes contemporáneos, clasificados según sus usos, motivos y figuras. Muñecas, animales, carritos, juegos tradicionales de distintas partes del mundo, tacos para construir, soldados, teatrinos, instrumentos musicales, payasos, triciclos, aviones, máquinas de coser, faquires, trenes, casas, circos, bomberos, en suma: la representación del mundo en su infinita diversidad a través de los juguetes.

¿Cuántos niños y niñas jugaron y soñaron con aquellos juguetes? La imaginación encuentra un trampolín para figurar distintas etapas de la humanidad, hasta remontar inevitablemente a la propia niñez. Dice Mario: “los juguetes son nuestra primera referencia del mundo”, por ello se tornan inolvidables, aunque a veces haga falta una sacudida para volver a la ternura que la adultez suele negar.

Al adentrarse por las habitaciones de la casa, es inevitable el viaje a tiempos y lugares remotos: una muñeca de porcelana de la Alemania de 1890, un tren de metal litografiado de los años 60, un juego de soldados mambises de la Cuba revolucionaria, un juego de tacos para construir barcos de la mítica escuela de diseño Bauhaus y una muñeca de trapo de Aquiles Nazoa, entre muchas otras maravillas que iluminan el semblante de los visitantes.

Amor con Pasión se paga

La afición por los juguetes de Mario Calderón lo hizo declinar de los estudios en medicina para concentrarse en el oficio de imaginar y hacer juguetes. Un gran amor lo llevó a su pasión de vida: siendo estudiante Mario se enamoró de Pilar Cabrera, la “visionaria” que cambió sustancialmente la vida del estudiante al ver y tallar en él el talento del hacedor. Y no de cualquier hacedor, un hacedor de juguetes de madera.

Pilar y Mario recorrieron el país rescatando juguetes antiguos, tradicionales, usados, nuevos, artesanales o industriales para inspirar las manos de adulto y el espíritu de niño de Mario, quien junto a Pilar dejó atrás sus estudios (ya a punto de culminar) y se embarcó en un viaje hacia sí mismo y su pasión de hacedor de juguetes de madera.

El mayor trabajo –dice Mario– es la idea, la ocurrencia, la marca que deja la imaginación en el espíritu. En ello se entrenó para conjurar el paso del tiempo y resguardar el entusiasmo creador del niño. Luego vienen los mecanismos: poleas, imanes, engranajes, dispositivos complejos unos, de una sencillez genial otros, que logran recrear movimientos diversos y representar la vida.

En 1989 Pilar muere en un accidente de tránsito. La ausencia del amor de Pilar se convirtió en promesa de oficio, y desde entonces Mario se dedicó fervientemente a imaginar, diseñar y construir juguetes. Las maderas de cedro y siquisique darán materialidad a un universo propio donde el circo, la música, la historia y sobre todo las tradiciones venezolanas serán protagonistas.

Investigar la identidad

En el segundo piso de la casa-museo del juguete se encuentra el taller, allí Mario recoge el aprendizaje acumulado por años de observación y clasificación de juguetes de todas partes del mundo para macerarlo y transformarlo en creación propia. Enseñando el oficio a decenas de jóvenes, el maestro mezcla diferentes mecanismos para producir movimientos y texturas.

La serie de juguetes que recrean tradiciones venezolanas es una verdadera joya de la investigación y la creación nacional. Mario selecciona las tradiciones más significativas de la venezolanidad y las convierte en juguetes que logran transmitir la belleza y complejidad de nuestros  imaginarios tradicionales.

Piezas maestras son la recreación del Velorio de la Cruz de Mayo, o los Diablos Danzantes de Yare y de Chuao, la Fiesta de San Juan, los Vasallos de la Candelaria, el baile del Carite, entre otras festividades venezolanas que ha sabido rescatar en forma de juguetes móviles. Para la serie bicentenaria, ha creado juguetes inspirados en la gesta independentista como el Bolívar pendular y el Miranda navegante, quien con un catalejo observa el horizonte mientras se mueven las olas que recorre su barca.

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Ante la globalización del imaginario estadounidense, fijada en nuestros niños a punta de Barbie, Mickey Mouse y Spiderman, los juguetes de Mario Calderón recuperan la memoria colectiva que da forma a la identidad venezolana y latinoamericana. Recientemente fue invitado al evento de artesanía más importante del mundo: el International Folk Art, donde lleva piezas que recrean tradiciones venezolanas, ecuatorianas y mexicanas.

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¡Música, Maestro!

La música tiene un sitial especial en su inspiración. Son famosas sus piezas en torno a Los Beatles: en concierto, en el submarino amarillo o el John Lennon de blanco en el piano de cola. Mario es músico y así como magnetiza con el arte de sus juguetes, logra otro tanto con quien tiene la suerte de escucharlo tocar el tres cubano.

Estudió música con los mejores del país, entre ellos con el maestro Gerry Weil. Todas las noches, la casa-museo del juguete se convierte también en una sala de ensayo: las congas, la caja, la clave, el tres y el contrabajo suenan al ritmo del guaguancó, el son y la guaracha.

Visitar la casa de Mario Calderón en Mérida es una oportunidad insustituible: además de conocer una colección de juguetes asombrosa y entrar al taller donde hace sus propios juguetes, se puede conversar con un ser humano brillante, generoso y lleno de historias.

La casa queda a pocas cuadras de la Plaza de Milla en pleno corazón de la ciudad y si se visita en día de semana es muy probable que el propio Mario abra la puerta sonriente. Y si es uno de esos días en que la fortuna se avecina con soltura, podrá escuchar en vivo una pieza de la mejor música latinoamericana rodeado de juguetes que parecieran sumergirse en una danza que es homenaje y guiño al paso del tiempo.

“Estos juguetes tienen el mágico esplendor de hablarle al niño que habita en nosotros escondido entre tantas capas de razón y estrechez mental”

Libro: Casa del Juguete de Mario Calderón

Galería de videos del trabajo de Mario Calderón: La vida de los juguetes

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– Juguetes del Pilar por Mario Calderón