La Declaración Universal de Derechos Humanos se adoptó un 10 de diciembre del año 1948 para fijar los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, sin importar su color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas, etc.

En aquella oportunidad, la señora Eleanor Roosevelt, presidenta del comité de redacción, decía que “los derechos humanos empiezan en pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte”.

¿Sabía ella que en Estados Unidos estos DDHH no significarían nada? ¿Qué representan en otras partes del mundo? ¿Cómo los asumimos en la Venezuela pre y post gobierno bolivariano? ¿Qué papel deberían tener en este nuevo periodo 2019-2025?

Martha Lía Grajales es activista por los derechos humanos (DDHH), pertenece al colectivo SurGentes, un grupo de jóvenes profesionales que realizan un trabajo social, cultural y literario, y quienes fueron copartícipes de un gran éxito comunal: Los Consumos Organizados del sector San Agustín del Sur.

Precisamente en esta zona se conformó la Coalición Unidos San Agustín Convive, un espacio de articulación de 12 Consejos Comunales de San Agustín del Sur que buscan disminuir la violencia y mejorar la vida en el barrio. En este sentido, ha sido el colectivo de derechos humanos SurGentes quienes han acompañado a estas comunidades desde 2014.

Juntos organizaron, el 27 y 28 de julio del año pasado, el seminario “Derechos Humanos y Constitución: Logros y Desafíos con el que intentaron impulsar un amplio debate entre las comunidades organizadas y los defensores de los derechos humanos. Algunos, incrédulos, no vemos qué conexión podría haber entre los unos y los otros, pero para Martha es obvio:

“En el barrio hay mujeres que llevan años alborotando, formando y organizando a las demás para que planifiquen su maternidad. Otros vecinos se organizan en procura de servicios básicos. De estas experiencias se nutrió buena parte del texto constitucional de 1999, pues, de una u otra forma, todos trabajan por sus DDHH, aunque no lo vean como tal”.

Por esta razón, durante el encuentro, se pensó más allá de la coyuntura, para establecer “una agenda que pudiera ser vigente por décadas”, a través de cinco ponencias centralizadas donde se realizó un balance de cada uno de los derechos del título III de la Constitución del 99.

También hubo más de 60 ponencias descentralizadas donde se abordaron temáticas como la libertad de expresión y la democratización de las comunicaciones guiados por los compañeros de ALBA TV; el derecho al autogobierno con la presencia de varias comunas; el derecho a la vivienda y la ciudad con el Movimiento de Pobladores; los derechos de los más jóvenes junto a Crea y Combate, el Frente Cultural de Izquierda, y el Otro Beta.

“Juntos revisamos cómo han sido las políticas públicas ante estos temas y cuáles son nuestros retos en cada uno de esos ámbitos”. En este sentido, Martha nos explica que durante esos días se certificó que existe una especie de “visión hegemónica liberal que asocia los DDHH a la economía de mercado y a la democracia representativa, muy cercana a los derechos de las élites”, pero los DDHH van más allá:

“Creemos que es muy importante que los colectivos y movimientos, incluso aquellos que no plantean sus luchas como parte de los DDHH, se sumen a esta batalla, disputemos el discurso. Sin embargo, ella sabe que en la coyuntura venezolana, el discurso de los DDHH ha sido monopolizado por la oposición y por esa razón al chavismo hasta el calificativo de “activista por los DDHH” le huele raro.

“Porque en Venezuela, el discurso de los DDHH ha sido muy asociado a las ONG liberales y a sectores específicos de la sociedad, por eso, desde la izquierda se le mira con desconfianza. Pero eso ocurre solo en Venezuela, no pasa en países como Colombia o Argentina, donde este ha sido un tema y una herramienta de lucha de los sectores de izquierda, pero acá ‘DDHH’ se convirtió en sinónimo de ‘ataque al proceso’”.

Justamente, para contrarrestar esto, el  seminario logró reunir a decenas de colectivos y movimientos comprometidos con los DDHH en pleno Centro para el Encuentro Popular “La Ceiba” de San Agustín del Sur, en Caracas.

“Los objetivos que nos animaban son los mismos que nos han animado siempre: constituir una agenda de lucha que nos permita seguir obteniendo logros, una vida más digna (…) Además, es importante visibilizar los avances y por supuesto los asuntos pendientes, no se trata de asumir un discurso complaciente con el gobierno o gobiernero, sino de complejizar y posicionar los discursos críticos y de los sujetos populares”, nos dice.

Para eso, hay tareas pendientes que no pueden ni deben esperar más. “En los últimos años el gobierno se ha visto en la necesidad de trabajar con mucha más rigurosidad el tema de los DDHH y han habido instancias claves como el Consejo Nacional de DDHH o la Defensoría del Pueblo, que han hecho un esfuerzo muy grande por posicionar visiones críticas, pero es importante que la dirigencia política asuma de forma más juiciosa el discurso”.

Martha nos cuenta que a partir del seminario se han venido dando algunas articulaciones, pero no han sido en bloques. “Nos quedamos con ganas de generar una plataforma de articulación y esa es la apuesta. El comandante Chávez lo dijo siempre: no podemos quedarnos con unos localismos despolitizados, por muy bonita que sea nuestra lucha en un territorio, debemos articularla, ser una verdadera opción de poder”.

Pero, además, esta luchadora cree que, a la par, debemos prestar especial énfasis a un mal que nos aqueja a todos por igual: “A veces hacemos más grandes nuestras diferencias que nuestras coincidencias y eso hace que la lucha se divida”.

Por eso, Martha apostará a que SurGentes siga acompañando a estas comunidades con cuatro líneas de trabajo dirigidas a mujeres, jóvenes, niños y organización local pues permanecer unidos es el deber que nos permitirá reclamar nuestros derechos.

Hace poco, en ese mismo barrio los niños y niñas se dedicaron a pintar un río, con muchos pececitos, en los 99 escalones del barrio, para consolidar el derecho a un ambiente ameno, que los hizo ganadores de la I Bienal Internacional de Educación en Arquitectura para la Infancia y Juventud 2018.  Definitivamente, en las calles de San Agustín se dibuja parte de esa historia que aún se está escribiendo…