Unos amigos llaneros suelen decir que “pescado no le gana a cochino ni nadando”, la misma frase aparece en más de una estrofa del gran Gino González, unos y otros intentan mostrar su pasión desenfrenada por el cerdo. Sin embargo, nosotros, los caraqueños que históricamente hallamos en Vargas el escape perfecto, hemos aprendido a querer el pescaito frito con igual pasión.

Sin embargo, cabe preguntarnos, ¿por qué la sardina es el único pescado al que podemos optar los pelabolas? ¿Qué ocurre con el resto? Quizás suene absurdo, pero más de uno aún se pregunta (nos preguntamos) por qué vivimos en el Caribe, rodeados de mares y ríos, pero el pescado casi no figura en nuestra dieta y tiene tan altos costos.

“El plan hambre 0 de Lula era aprovechar la pesca, en especial de ríos, acá tenemos una riqueza inmensa en los ríos que no es aprovechable, ¿qué sucede? Que a veces nosotros cometemos el sesgo de creer que todo pasa por tener los recursos y ya, entonces decimos: ‘tenemos tierra, tenemos agua, tenemos río, tenemos costa’, pero la ecuación necesita que tomemos en cuenta otros elementos”, nos comenta el economista y profesor universitario Juan Carlos Loyo.

En efecto, todos alguna vez hemos escuchado que “Venezuela es el país perfecto, pero…” y acto seguido cada uno agrega su perspectiva. No obstante ¿qué significa en este caso?

“Que de nada nos vale eso ni tener una flota de pequeños pescadores unidos, organizados, en la figura de los Consejos de Pescadores y Acuicultores (Compas), etc., si no tenemos incidencia en la cadena de frío, no podemos aprovechar el pescado que se saca a diario sin la cadena de frío ni la de distribución final, nosotros hacemos grandes esfuerzos en los operativos a cielo abierto, pero debemos resolver eso”, agrega Juan.

¿Por qué no los hemos hecho?

“La economía política del sistema alimentario venezolano apenas inició su transformación con Chávez, apenas dimos un rasguño con el tema de las tierras, pero la infraestructura, la política de desarrollo rural, la cadena de frío desarrollada, las plantas productoras, etc., quedaron a medio término, porque no son construcciones sencillas, requieren tiempo y continuidad, Chávez lo tenía claro y por eso hizo una estrategia interesantísima con la construcción de plantas procesadoras de pescado, y se inauguraron más de veinte, es necesaria una autocrítca, saber si hace falta una reinversión en estas plantas, saber cuál es su estatus, si la transferencia de tecnología se hizo de forma adecuada,  si ya está obsoleta, o qué pasó.”

Loyo acota que eso no es todo: “Además de las plantas, a los pescadores se les pagaba justamente al pescado, y había tiendas de acompañamiento para el tema motores, artes de pesca, combustible, etc., a nosotros nos ha faltado apostar a lo que veníamos haciendo ¿qué buena parte de esto se hizo con divisas? Si claro, pero son aparatos que hay que incentivar.”

Pero eso todavía no responde mi pregunta, ¿por qué no un corocoro, un roncador, un pargo, una merlusa, una rueda de atún?

“¿Qué por qué la sardina?”

“Porque precisamente para la cadena capitalista del frío es más sencilla la compra de la sardina por la producción en masa, los costos tan bajos, es fácil de trasladar, de vender en las ciudades, de aprovechar la renta, yo llegue a ver precios de la sardina en la redoma de Petare diez veces superiores a los de Vargas, ahí mismo (…)”, puntualiza Loyo.

¿Y quién se come lo otro? “En este caso también hay tráfico de muchas variedades, no solamente de peces sino también de moluscos, en el ministerio yo me enteré de especies de moluscos, mariscos, y pescados, que en mi vida conocía. Yo soy veguero, vengo del campo, y no las conocía, esas son llevadas a Aruba, Bonaire, Curazao, todo un comercio ilícito, esto existe desde hace mucho tiempo, tenemos muchas dificultades, históricas, en el control de las fronteras.”

¿Sólo de las fronteras? Este tema nos hizo chillar más que cochino en matadero. No obstante, Loyo considera que la crisis si ha tenido aspectos positivos.

“Se evidenció que eso de los gustos no es algo inamovible, que muchas veces se adaptan a la economía, hubo un crecimiento importante del consumo de la yuca, tubérculos, toda una serie de alimentos de producción nacional que hace años eran ignorados, pero lamentablemente esas rentas también las ha aprovechado el capitalismo, y esto no ha venido ni tenido una política de Estado (…) Se decía que al caraqueño no le gusta el pescado, pero en los momentos de mayor dificultades económicas, en especial hace dos años, se vio un incremento evidente en el consumo de la sardina, son posibles otras proteínas pero se necesita planes de escalamiento y una construcción que muestre seriamente las bondades de cada una.”

Es cierto, también se necesita una merlucita, y abrir el debate… durante la crisis y más allá.