En marzo de 1993, el reciente ex-alcalde de Caracas Claudio Fermín fue hecho preso por presunta malversación de fondos, durante su gestión. Se lo acusó de romper aceras en buen estado para sustraer recursos públicos. Las aceras estarían ubicadas en la Avenida Urdaneta.

Después de cuarenta días y cuarenta noches en la prisión de El Junquito, su caso fue sobreseído. Un sobreseimiento no es más que una resolución dictada por un juez, en la que se deja constancia de la ausencia de causas asociadas, para seguir un juicio. Lo que no quiere decir que el acusado no sea culpable, sino que el tribunal no hila porque no consigue aguja.

A este político adeco se le señaló como corrupto y se le encarceló como corrupto. Pero el origen de aquel fallo se convertía en conseja y un secreto a voces: “¿quiere robar? destruya y construya aceras”. La técnica consiste en contratar a las empresas que peor lo hagan (soborno mediante), para garantizar un mal trabajo y tener así “aceras por hacer” ad infinitum.

Las aceras de la Urdaneta, rotas por la administración blanca, eran de mosaico vitrelado veneciano y fueron declaradas Patrimonio Cultural de la nación.

25 años después de la primera piedra (registrada) de Claudio Fermín, el mármol rosado de las aceras ubicadas entre Sociedad y Parque Carabobo, también patrimonio cultural, sufre los embates no solo ya del tiempo, sino de una plaga peor: la mala administración, y otra mortal: el bachaquerismo.

En vez de ser restauradas como lo dicta la Ley de Protección y Defensa de Patrimonio Cultural (artículo 26), las losas han sido removidas, destruidas, y según cuentan los propios vecinos de la zona, revendidas a pedazos, por cualquiera.

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En la lista de destrucción también están los mosaicos vitrificados de paseos como Los Ilustres (monumento de la nación), que por recomendaciones del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) en su Catálogo 2004-2007, debían ser conservados y salvaguardados por la Alcaldía del Municipio Libertador.

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Asimismo grandes aceras, como las de Parque Central o ciclovías como la de Bellas Artes, están siendo reconstruidas en fecha reciente, aplicando aquella vieja conseja adeca.

Rompen aquí, rompen allá, y la gente camina rota sobre montañas de escombros, sorteando la falta de agua, electricidad, alimentos, medicinas, efectivo, transporte, ideando un mapa para que no estalle el cielo de la olla, un mapa a otra parte, a otro tiempo.

No se trata de no meterle mano a Caracas. La ciudad está sucia, triste, fea, vulnerada. Pero su espíritu no se levanta con cemento. Una sola cabilla tripepollo, cuesta el sueldo (mínimo) de un mes de uno de los obreros del plan de “embellecimiento”, salario que no le alcanzaría para comprarse ni un antibiótico si llegase a enfermar, menos unas patas de gallina para subir las defensas, porque sí, además este plan se ejecuta en plena temporada de lluvias en la capital.

Al decir del faro Alí Primera, en su canción Esquina principal:

“¿y, eso que importa 
y, eso que importa? 
Somos un país con rial.
Sopla el viento en el bolsillo 
del hombre trabajador 



Yo no lo critico adrede,
señor gobernador
usted es inteligente
búsquese una idea mejor,
porque el hambre no se quita
repintando las paredes
Yo no lo critico adrede,
señor decorador”.

Buena parte de las aceras de mosaico vitrelado con ondas negras, de la Avenida Urdaneta, por las que hicieran preso a Claudio Fermín en 1993, la ha ido destruyendo la actual administración capitalina. Aquel estuvo preso, poco, pero estuvo preso.

Caracas cumple 451 años… y sopla polvo.