Ana Barrios, licenciada en Trabajo social de la Universidad Central de Venezuela, activista y defensora de los Derechos Humanos desde una perspectiva crítica, miembro del Colectivo Surgentes y de la Red Alternativa “SurDH”, analiza y comparte su visión ante los hechos de violencia ocurridos en Venezuela entre abril y julio de 2017.

Estamos cerca de cumplir un año del inicio de las protestas que se dieron entre abril y julio del año pasado. ¿Cómo caracterizas lo que pasó en el país en ese período de tiempo?

Hubo una escalada de violencia política que se prolongó durante cuatro meses. Y hablo de violencia política porque la característica de esta violencia es que se suscita por el interés de un actor determinado en lograr un objetivo político, en este caso, desalojar del gobierno al presidente Maduro y al Gobierno Bolivariano.

En ese sentido, se produjo una situación de confrontación que fue más violenta en términos de las técnicas y las modalidades de lo que había ocurrido en el pasado y que además fue más prolongada.

A esa situación de violencia que tenía objetivos políticos, el Estado respondió en algunos casos haciendo uso de la fuerza de manera desproporcionada. Este último ciclo de violencia lamentablemente dejó un saldo que oscila entre 140 y 160 personas que perdieron la vida, de acuerdo a las investigaciones realizadas hasta el momento.  

Haciendo un análisis más extenso, pareciera que la incapacidad de dirimir el conflicto político de manera democrática ha llevado a que estas experiencias de violencia política sean cíclicas. Este último ciclo es preocupante porque fue más violento, más organizado y más letal.

¿Ese carácter cíclico que observas es una advertencia de que este tipo de violencia pudiera repetirse si se mantiene la tensión y la correlación de las fuerzas políticas que hemos tenido los últimos 18 años en el país?

Es difícil hacer predicciones al respecto, pero es evidente que los factores que activan estas situaciones de violencia están allí. Vamos a un proceso electoral muy pronto que luce rodeado de incertidumbre, porque si la oposición decide no participar, como de hecho parece que va a ser, entonces la pregunta es cuál es su agenda.

Además, estos factores violentos tienen el aderezo de la situación económica que está viviendo el país, que es una situación muy delicada y compleja. En este contexto, lamentablemente es posible pensar que muchos factores que jueguen a incentivar la violencia podrían tener éxito.

Víctimas: los de siempre…

Mirando a las víctimas vemos que hubo muchos muchachos jóvenes, la edad promedio se sitúa en 28 años, pero incluso más de 10 tenían menos de 18 años. Y hay algunos que mueren manipulando armas no convencionales. ¿Cuáles características resaltan en esas víctimas y en las circunstancias en las que mueren?

Las víctimas de la violencia política siguen siendo los más vulnerables en la sociedad:  los más pobres y los más jóvenes.

La mayoría de las víctimas no son los estudiantes de universidades clase media. No, la mayoría de las víctimas son gente que vive en sectores populares, estudiantes sí, pero también muchas personas que no culminaron estudios, que son trabajadores o profesionales. Pareciera que las víctimas de la violencia política, repiten el patrón de la violencia en general que tenemos en el país: los sectores más excluidos. Y este es un dato que debemos profundizarlo.

Algunos datos sobre las víctimas de la violencia política

 

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Hombres víctimas de la violencia política

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Mujeres víctimas del violencia política

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Víctimas no vinculadas a las protestas

En la composición por sexo, casi 94% son hombres y solo 6% son mujeres. Hay además una cantidad importante de víctimas que no estaban en las marchas; que estaban observando o simplemente pasaban por el lugar: 47% de personas fallecidas no estaban participando en las manifestaciones.

Eso te da cuenta de la letalidad de la violencia, porque gente que quedó por allí atrapada, o que estaba pasando, recibió el impacto. O gente que intentó atravesar barricadas para llegar a su casa o salir de ésta para su trabajo, etc.

Con bastante frecuencia sucedieron asaltos o robos en las barricadas, es decir, muchas veces estas acciones eran activadas por grupos delictivos que aprovechaban para robar y disparar. De igual manera, hubo casos de personas que activaron una barricada pero llegaba alguien desesperado por pasar y estaba armado o los arrollaba con su carro.

En el marco de estas guarimbas también se evidenció personas que murieron electrocutadas en un saqueo. Éstas son víctimas a las que no les corresponde un victimario, no podemos decir que hay un responsable penal por esas muertes, pero sabemos  que muchos saqueos fueron provocados. Y eso forma parte de nuevos patrones de fallecimiento que antes no estaban presentes.

Hay otro elemento que resaltó en esos sucesos: las muertes a manos de grupos civiles armados. Es un elemento de alerta, porque no solo se trata de particulares armados, sino de grupos políticos que se sienten con el derecho de usar la fuerza para controlar manifestaciones o que por el otro lado se sienten con el derecho de usar la fuerza para imponer su opción política.

La participación de grupos organizados de personas armadas tanto de un lado, como del otro es una realidad que hay que atender y ver cómo se desactiva.

Hay que decir que hay una estigmatización del término “colectivos”. Hay una tendencia a calificar como colectivos pro gobierno a cualquier grupo de gente muchas veces motorizados que se presentan en una determinada manifestación y automáticamente les adjudican todos los fallecidos. Y es importante contextualizar cada caso, cada región, cada estado, porque son diferentes y porque mucho de esos grupos armados no tenían una clara adscripción política.

Es una realidad que hay que desactivar, porque si frente a la violencia opositora, lejos de propiciar el diálogo, se establecen mecanismos de contención igualmente violentos, no va a pasar nada bueno. Es decir, hay que investigar a fondo la participación de grupos armados presuntamente identificados con la oposición y con el gobierno, porque son una amenaza a la paz.

Mencionaste la preocupación por hechos que marcan un mayor grado de violencia. Allí hubo algunos casos preocupantes de crímenes muy violentos como es el caso de los quemados, de la gente que después de asesinada fue expuesta y sus cadáveres maltratados, de la exposición al desnudo de gente que se presumía chavista, incluso del incendio de edificaciones del Estado, etc. ¿Crees que estos crímenes de odio, o crímenes particularmente violentos, fueron programados como parte de la agenda o más bien fueron espontáneos?

Yo todavía no lo calificaría como patrón generalizado, pero algo que estuvo presente en esta oportunidad fueron las muertes que ocurrieron por el hecho de no aceptar la diferencia o de pertenecer a un colectivo específico, característica de los crímenes de odio: el crimen se da por pertenecer a un colectivo con una identidad. Te asesinan por tu pertenencia o asociación con un determinado grupo político, social, étnico.

Es una alerta que hay que dar: por primera vez ocurrieron unos crímenes que pudiesen estar asociados a esas características y además que son crímenes “tumultuosos”,  como el caso del muchacho Orlando Figuera, que lo linchan y lo queman en una multitud, lo que hace muy difícil individualizar una responsabilidad.

Es una alerta a posibles patrones que pudieran desarrollarse y, desde mi punto de vista, más que responder a un acto planificado son producto del odio acumulado que encuentra de esa manera,  una forma de expresarse.

Por esta razón, es importante -y allí la reflexión para la gente de la oposición-, ver cómo ese odio que han alimentado durante años y esa permanente descalificación y desprecio hacia los sectores que apoyan al gobierno, puede ir generando consecuencias muy graves que en algún momento le den forma a eso que llamamos crímenes de odio, que ojalá no se convierta en algo común.

Hace unos minutos decías que la incapacidad de dirimir el conflicto político de manera democrática ha llevado a que estas experiencias de violencia política sean cíclicas. ¿Por qué crees que como sociedad no hemos sabido dirimir los conflictos de forma democrática? ¿Por qué los diversos eventos electorales que hemos tenido en 18 años no han sido suficientes para acordar y respetar la voluntad mayoritaria sobre quien ostenta el poder político? ─ ● ─ ● ─ ● ─ ☞ CLICK para leer

Debemos evidenciar que está en juego un cambio estructural del modelo económico, social y político; y eso por supuesto va a generar resistencias, no solo a lo interno del país, sino a escala regional e internacional.

Venezuela, más allá de los errores que internamente se han cometido, desde que el Comandante Chávez llegó al poder nunca ha estado acompañada en su proceso de cambios, ha estado siempre cuestionada, criticada, amenazada.

Por eso, las fuerzas que se resisten a un proceso de cambio estructural que implica perder privilegios, organizar la economía de otra manera, organizar la sociedad de otra manera, que implica la construcción del socialismo como finalmente lo planteó Chávez en sus últimas campañas electorales, genera mucha resistencia. Las fuerzas que tienen el poder económico, aunque no tengan en este momento el poder político en Venezuela, siguen siendo muy poderosas.

Además, la correlación de fuerzas también ha cambiado en América Latina. En los últimos años, los gobiernos que venían acompañando al Gobierno Bolivariano y a los  procesos de integración, han venido perdiendo el poder político y son una razón de orden estructural importante.

Más allá de eso, creo que internamente se necesita una voluntad de diálogo más firme y más verdadera, que no ha existido siempre. En medio de un contexto tan polarizado, las soluciones electorales no son suficientes, tienen que ir acompañadas de procesos de diálogo, de compromisos reales.

Por ejemplo, en este momento si la mitad o un porcentaje importante de la población se abstiene de ir a votar, este mecanismo electoral y democrático, va a quedar sumamente cuestionado. En un contexto de tanta polarización, resulta insuficiente pensar que la solución solamente pasa por activar un mecanismo electoral.

Se requiere entonces la generación de más mecanismos desde una visión integral. Chávez en algún momento decía “hay que tratar de convencer a los que no están convencidos de que éste es el camino” y yo creo que eso ha faltado. También comprendo que las circunstancias han cambiado mucho, se han radicalizado; pero yo creo que la única manera de lograr la paz, el diálogo y el cumplimiento de la agenda bolivariana y chavista, como Chávez en su momento la planteó, es que nosotros podamos convencer a la mayoría del país de que éste es el camino.

Eso hay que hacerlo con hechos, no con discursos: la gente tiene que comenzar a sentir que la vida es mejor, que realmente estamos construyendo un nuevo modelo de sociedad, de convivencia… y eso en este momento está muy lejos de ocurrir, por las circunstancias económicas que vivimos, por las dificultades, porque en algunos casos  la agenda desde el gobierno se ha desviado, o ha tenido obstáculos que quizá no se han manejado de la mejor manera.

Por ejemplo, toda la agenda de la comuna, de la construcción del poder popular, del poder comunal, de la dotación de poder productivo para las bases, para el pueblo organizado, es una agenda que se ha ido dejando de lado y eso dificulta mucho que la gente logre avanzar hacia un poder autogestionario que entre otras cosas, le dé más tranquilidad económica y verle más el sentido a lo que es la propuesta.

Diálogo: “las barajitas no pueden quedar todas del mismo lado”

¿Crees que en esa falta de convencer o saber convencer, incide la falta no de un mensaje, sino de una actitud política de “nosotros gobierno para todos”? ¿Tal vez el discurso radicalizado azuza la ya polarizada situación y no trabaja desde eso del “convencer”?

Sí, yo creo que también existe un talante confrontativo hacia el adversario. Los esfuerzos por el diálogo son importantes, porque si te fijas todos los conflictos en el mundo se han solucionado con el diálogo.

Cuando la gente se empeña en no dialogar, se profundiza la violencia y hasta los conflictos más inverosímiles, más radicales lograron resolverse a través el diálogo, la negociación, la búsqueda de consenso. Hay que creer en el diálogo, los dos actores políticos deben convencerse en el diálogo, también ceder es llegar a la negociación.

Claro, la política se hace negociando…

Sí. Tú no puedes plantearte en una mesa de diálogo, y esto francamente lo digo por los dos actores, queriendo ganar todas las cartas, no lo vas a poder hacer. Eso no es un diálogo, sino que termina siendo una imposición.

Si uno ve con anteojitos, es evidente que aquí hay una tendencia también desde los dos lados a invisibilizar al otro. Es desde la oposición ese tema del desprecio, “les pagan para estar allí”,  “les dan bolsas de comida”. O desde el otro lado, “están allí porque les dan droga”, “están allí porque les pagan”, “son muchachos manipulados”, deslegitimando las exigencias y la agenda de ese grupo de venezolanos.

Yo creo, por supuesto, que hay un sector del país que es opuesto al gobierno, y que legítimamente tiene su opción política y tiene el derecho de expresarla en la calle como en toda sociedad democrática.

Hubo grandes manifestaciones, marchas y concentraciones opositoras que se iniciaron pacíficamente. A ese movimiento opositor pacífico hay que reconocerlo, no hay que invisibilizarlo.

Una de las primeras cosas que forma parte del diálogo es que hay que reconocer al otro, reconocer un país donde hay dos sectores políticamente opuestos y extremadamente polarizados, pero que existen y son numerosos ambos.

Diría que es una autocrítica que el gobierno venezolano tiene que hacerse, reconocer que hay un sector importante de la población que se opone a sus propuestas y a sus políticas, y tiene que lidiar con eso y a la oposición que hay un sector también significativo que se reivindica como chavista y apoya a gobierno del Presidente Maduro.

Ahora hay algo vinculado a la degeneración de la violencia que es importante resaltar. Durante este periodo de protestas, se instalaron dinámicas de violencia donde fue muy clara la articulación de los sectores que organizaban la protesta violenta con actores delictivos y con actores que realmente estaban en prácticas muy cuestionables. Eso es una realidad.

No creo que sea posible decir que todas las personas que manifestaban estaban vinculadas a dinámicas delictivas o estigmatizarlos calificándolos de drogadictos o delincuentes, creo que eso es un error. Pero sí es posible identificar dinámicas en varios estados, en las cuales hubo articulaciones de ese tipo y en las cuales efectivamente se pagaba a grupos de personas para que activaran  la protesta violenta generando modalidades hasta ahora desconocidas por la magnitud de lo que significaron y por cómo se manejaron de forma organizada en los sitios en los que se dio.

O sea que eso refiere a que esa violencia ha sido cíclica, en ese momento tuvo una escalada mayor, que fue evidente, pero que no fue una escalada entrópica, sino que fue azuzada desde elementos externos a la propia dinámica.

Hay que seguir investigando, revisando y reflexionando, investigar las dinámicas violentas que se activaron durante esos meses, destacar cuáles son sus articulaciones y vinculaciones tanto con actores delictivos, como con actores políticos; porque yo sí creo que allí hay indicadores de una violencia más organizada que en el pasado; una violencia más letal.

Por ejemplo, no recuerdo en las protestas del 2014 el uso de lo que llamamos armas artesanales letales. Como los morteros, que incluso ocasionaron la muerte a las personas que los estaban manipulando. O el uso de excremento como forma de ataque a los cuerpos de seguridad. El asedio organizado que vimos en algunos estados, donde la protesta se centraba en atacar de manera simultánea centros de coordinación policial e instalaciones militares.

Hay una cantidad de hechos que tal vez se dieron en el pasado de forma aislada, pero que en ese momento ocurrieron de forma organizada y con apoyo logístico.

La violencia y sus múltiples caras

En ese momento de turbulencia política el presidente Maduro saca la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). El día de las elecciones de la ANC fue el día que hubo más víctimas fatales, luego no hubo más protestas. Después de cuatro meses en la calle, la gente que protestaba no salió más. ¿Qué crees tú que desactivó esa agenda violenta de forma tan tajante? ─ ● ─ ● ─ ● ─ ☞ CLICK para leer

Mira yo creo que son un conjunto de factores. Uno, que definitivamente el pueblo venezolano es un pueblo de paz. Es decir, veníamos de cuatro meses seguidos de una violencia que tuvo unos picos y que como tú dices efectivamente entre el 27 y el 30 de julio se produjeron la mayor cantidad de víctimas fatales.

Ese es un dato a leer. Veníamos de cuatro meses de una situación muy violenta, que no era sólo la violencia que cobraba víctimas, sino la violencia de perder la cotidianidad. La gente perdió la tranquilidad de hacer la vida cotidiana, de ir al trabajo, de utilizar el transporte, eso no existía y yo creo que la gente se cansó.

Y los sectores más radicales de la oposición se dieron cuenta que la jornada de elección de la ANC contó con un número importante de votos, cuestionados por la oposición, pero un número de votos significativo para ser una jornada que ocurría en ese contexto.

Si esa jornada hubiese sido poco asistida, pues la situación habría resultado distinta, pero la votación prácticamente acabó con las protestas. Es una apuesta importante de la gente en Venezuela que busca resolver sus conflictos por la vía electoral.

Asimismo, hubo un proceso de hastío, de “la violencia no nos está llevando a nada”. De efectivamente entender que incluso, aún cuando creías en esa vía, no podías. Era una realidad que efectivamente no lograron imponer, ni con todos los métodos violentos que se utilizaron lograron realmente convencer a la gente que por esa vía se iba a sacar al Gobierno y que iba a llegar la tranquilidad. Digamos que la correlación de fuerzas, a cuatro meses, no daba para pensar que era efectivamente una posibilidad de que si se seguía por esa vía se iba realmente a lograr el objetivo.

Otro tema importante es la invisibilidad de los sectores opositores con respecto a los sectores que apoyan al gobierno. No se lo creen, no se creen que todavía pueda haber gente chavista y para ellos termina siendo una cosa incomprensible.

Entonces está la pregunta que se hace la gente, sobre todo en el extranjero: “¿Qué pasa en Venezuela que en semejante situación los sectores populares no han salido a las calles a protestar?” Tiene que ver con varios factores, pero creo que uno es la conciencia política de los sectores más duros del chavismo.

Tal vez también el miedo a que esos sectores tan violentos asuman el poder y pensar qué va a pasar con nosotros.

Sí, el miedo también. Eso y que la oposición no le habla al pueblo, no tiene ninguna propuesta para los sectores populares, no los acompañan. Yo creo que también eso es parte de lo que explica el cese de la violencia.

Los dirigentes opositores que apostaron a la violencia abiertamente se fueron desdibujando. Allí no hubo un compromiso con su propia oferta y su propia militancia.

En medio de todo esto, y retomando la reflexión sobre el diálogo como la vía para avanzar de ese esquema de violencia política cíclica y de polarización exacerbada, el tema de la Justicia es muy importante. Y eso, a un año se ve como muy lejos.

El tema de la verdad, que se conceptualiza como un derecho, tiene dos dimensiones: una dimensión para las personas afectadas, y una dimensión para la sociedad que tiene derecho de saber qué pasó, por qué pasó, quiénes fueron los responsables. Una privada y una colectiva.

Cuando hablamos de estos procesos hablamos de cuatro elementos:

⫸ Verdad     ⫸Justicia      ⫸ Reparación      ⫸ Garantías de no repetición

Hacer un proceso de búsqueda de la verdad que no termine en una justicia verdadera y en una justicia reparadora puede ser muy revictimizante para las personas que se vieron afectadas; porque es hacerlas revivir que lo que pasó, cómo lo vivieron, para que después no haya un desenlace real en términos de justicia.

En términos generales la justicia en Venezuela es lenta, creo que las estadísticas de casos no resueltos superan el 90%. Es necesario preguntarnos cómo hacer para que los procesos de búsqueda de justicia se aceleren y tengan un desenlace en el corto plazo de sanción a las personas que fueron responsables, porque si no es muy peligroso para el futuro.  

Uno de los elementos que pueden desactivar la violencia, que pueden generar un proceso de reconciliación y un proceso de diálogo y paz es detener la impunidad y efectivamente alcanzar justicia en todos los casos, independientemente de quienes hayan sido los victimarios.

Yo creo que estamos a tiempo de actuar para ayudar a desactivar futuros ciclos de violencia.

Pareciera que también es un tema de voluntad política, porque el sistema de justicia en nuestro país es muy lento y con toda esa estructura… pero hay algunos casos en los que la voluntad política lo activa.

Sí, yo creo que se necesita voluntad política. Lo importante es que debe haber una muestra firme para que se brinde la información debida y que se reconozca los casos donde hubo actuación indebida, que ya ha ocurrido en algunos casos.

Eso no significa reconocer que el Estado es un violador de derechos humanos; sino reconocer que hubo algunos funcionarios que cometieron excesos y que todo el peso de la ley va a caer sobre ellos, para que eso llegue hasta sus últimas consecuencias.

Justamente en el tema de las violaciones de derechos humanos resalta que de los presuntos responsables de las muertes de manifestantes a manos de la fuerza pública, el cuerpo que tiene mayor número de casos es la Guardia Nacional Bolivariana. Además, destaca el uso de armas no autorizadas. ¿Crees que esto corresponde con un patrón de este cuerpo de seguridad o incluso del Gobierno Nacional para acabar con la violencia que se presentaba? ─ ● ─ ☞ CLICK para leer

Yo no creo que haya habido una orden expresa de disparar o de usar la fuerza de manera desproporcionada o indiscriminada. Creo que lo pasó es que esa situación puso a prueba la formación y la capacidad de respuesta de la fuerza pública y en particular de la Guardia Nacional y creo que esa es una situación que hay que revisar.

No podemos dejar de mencionar que la fuerza que recibía la Guardia Nacional de parte de los manifestantes una vez que la protesta se convertía en violenta, fue una fuerza también letal. Hubo uso de armas de fuego, pero también uso de armas artesanales o no convencionales que la gente suele pensar que son menos letales, pero no lo son.

Y hubo indicadores que te demuestran que ese uso de la fuerza por parte de los manifestantes fue importante, como por ejemplo el número de Guardias Nacionales lesionados, porque hubo varios fallecidos y más de mil lesionados.

Esto reta a la Guardia Nacional y a la fuerza pública en general a mejorar sus estándares de contención de la violencia en situaciones de uso de la fuerza letal de parte de los manifestantes. Para mí no es una orden sistemática, ni una política sistemática.

Yo creo en el compromiso del Estado venezolano con una política de respeto a los derechos humanos. En nuestro país, hubo un proceso muy importante de revisión del uso de la fuerza por parte de funcionarios policiales y militares en el caso de manifestaciones, creo que eso hay que rescatarlo, quizás hay que volver a procesos de formación donde todas esas cosas se revisen a la luz de los sucesos que ocurrieron.

Viendo todo este panorama de tan diversos actores que participaron en la violencia y desde una visión crítica a los derechos humanos que ubica tradicionalmente las violaciones de derechos humanos en el Estado: ¿Puede decirse que los manifestantes también violaron derechos humanos? ─ ● ─ ● ─ ● ─ ☞ CLICK para leer

La Corte Interamericana de los Derechos Humanos, que no podemos decir que tiene una visión crítica, establece en su jurisprudencia la responsabilidad internacional que le cabe al Estado por no actuar en la prevención y la sanción de los particulares que violan derechos a otros particulares, que es el caso que nos ocupa.

Es decir, el Estado venezolano está en la obligación de actuar frente a esos particulares que están afectando los derechos de otros. El Estado no podía quedarse de brazos cruzados frente a convocatorias de protestas que implicaban el cierre de los accesos a sus casas, a los centros de salud, educativos o laborales; eso no era posible que sucediera.

Así como está obligado a actuar para garantizar el derecho a la manifestación pacífica y sin armas que establece la Constitución, está obligado a actuar para que la gente pueda hacer efectivos sus otros derechos, porque además el derecho a la manifestación no es un derecho absoluto, es un derecho que está sujeto a restricciones frente a determinadas circunstancias.

Cuando una persona afecta el derecho de otras personas a circular, a tener asistencia médica, a votar, que es el derecho a la participación política, está afectando los otros derechos y allí la actuación del Estado es una obligación.

No es que si el Estado utiliza su fuerza pública para hacer desistir a un grupo de personas de que impidan el acceso a un centro de votación, el Estado está actuando de forma violatoria, por el contrario, su obligación es actuar para garantizar ese derecho, sin lesionar los derechos humanos de las personas que están manifestando.

Para ir concluyendo… a un año de esos sucesos qué lecciones debemos sacar como sociedad. En esa violencia política cíclica que señalabas, parece que no hemos ido aprendiendo de lo que ha ocurrido, por el contrario dejamos de hablar de los sucesos muy rápidamente y cada vez que se repiten generan más saldos de esa violencia. De hecho, la misma gente de oposición dice “Tantos muertos y ya nadie se acuerda, ya no hablamos sobre eso”.

Mira, lo fundamental aquí es tomar medidas estructurales. Una medida estructural es la lucha contra la impunidad, que realmente todas las personas participantes en estos hechos sean de un lado o del otro, sean investigadas, respetándose todos sus derechos -claro está- y sean sancionadas de acuerdo a lo establecido en el ordenamiento jurídico.

Además, en un plazo de tiempo razonable. No es que van a pasar tres años más para que se sancione a los responsables. Eso implica tomar medidas para mejorar el sistema de justicia.

También hay que reconocer los hechos. De un lado y del otro. Así como la oposición nunca asumió que estaba llevando todo a la violencia, yo por lo menos nunca escuché a ningún líder reconocerlo… así como ellos deben reconocer lo que hicieron; es necesario que el gobierno también reconozca que hubo excesos, hubo comportamientos que no fueron los más adecuados.

Es importante reconocer públicamente lo que sucedió y los errores de un lado y del otro por respeto a las víctimas y por respeto al proceso del país.

Un aspecto importante son los mecanismos de reparación: que las víctimas y la misma sociedad sientan que el Estado tiene la voluntad de reparar, aunque jamás vas a poder devolver una vida, pero sí reparar en la medida de lo posible el daño que se hizo a esas familias.

Para eso hay estándares, hay mecanismos, hay medidas que los Estados pueden tomar y creo que ése tiene que ser un proceso muy serio desde los estudios socioeconómicos y las necesidades que se determinen con cada víctima.

Por el otro, qué garantías se dan a la ciudadanía de que esto no va a volver a ocurrir.

En ese sentido, una medida estructural es la que ya comentábamos de la capacitación y la formación de la fuerza pública en los estándares del uso progresivo y diferenciado de la fuerza como la misma legislación lo contempla.

Es importante que la fuerza pública venezolana aprenda de este proceso. Tiene que haber una caracterización de cómo fue esta violencia, de cuáles fueron sus dinámicas, de a qué se pueden enfrentar nuevamente si se volviera a presentar y que se rediseñen y actualicen, si es necesario, los mecanismos de contención y control de manifestaciones.

La otra medida estructural que considero necesaria tiene que ver con el diálogo y la apuesta a la convivencia democrática de dos sectores polarizados.