A las once de la mañana Ronny Ortega, la primera diputada transgénero de Venezuela, estaba saliendo desde La Victoria, estado Aragua, hacia Caracas, acompañada de un gran grupo de jóvenes estudiantes, trabajadores y militantes.

A esa misma hora, en Caracas, el cielo se hacía plomizo y turbio, se detenían de a rato las nubes sobre la ciudad, y una sombra de lluvia favorecía a los grupos de hombres y mujeres sexo disidentes que por cientos se empezaron a reunir a las afueras del Parque Generalísimo Francisco de Miranda.

Hay algo bueno que está pasando estos días, algo que viene a refrescar como esa amenaza de aguacero. Es una juntadera poderosa de la diversidad sexual y el feminismo que pugna por volverse un gran movimiento, justo ahora, cuando las intimidaciones contra Venezuela se tornan más próximas, cuando los reveses parecen abundantes. Su punto de encuentro por esta vez: Plaza Diego Ibarra.

La noche anterior un grupo de compañeras estampaba una araña en medio de una bandera con los colores del arcoíris, la articulación nacional de colectivos Araña Feminista se sumaría a la gran movilización.

A las afueras del Parque ondeaba una bandera con franja marrón, roja, amarilla, rosa pastel, blanca, gris y negra, en su esquina superior izquierda, la huella de un oso. Cada franja es el color de piel de los hombres homosexuales cuyos cuerpos no responden a ciertos estereotipos de belleza masculina musculosa y lampiña, sus cuerpos son más bien fornidos y con profuso vello corporal, se hacen llamar “osos”. Junto a ellos, jóvenes y adultos que llegaban de Monagas, Valencia, Cojedes, Vargas, y otras partes del país, esperaban impacientes empezar a caminar desde el este hasta el centro de la ciudad. Pero antes arrancó la lluvia.

“La lluvia no nos detendrá”

Dijo Edwin Rodríguez, de la Alianza Sexo-género Diversa Revolucionaria, mientras se preparaba para travestirse como Mina Libertad, una drag revolucionaria: “Hoy con toda nuestra fuerza seguimos levantando la voz para exigir nuestros derechos”, dijo a la vez que se colocaba los atavíos de su personaje. En ese momento llegó a Caracas Ronny, un palo de agua sabroso y desaforado colmaba al autobús en el que esperaban para poder sumarse a la movilización.

Inició la marcha, una larga travesía por avenidas mojadas, con consignas y canciones a lo largo de diez estaciones de metro. Humedad integrada a cada paso y en medio del grito por el reconocimiento de los cuerpos y deseos. Algunos paraguas abiertos mientras la diversidad de cuerpos expuestos, sin camisa, rostros con maquillaje, cabellos platinados, rojizos y pestañas postizas, avanzaban sin queja, sin duda, en medio de la alegría que dan los encuentros esperados y las ansias acumuladas.

En la Plaza Diego Ibarra se agolpaban los que prefirieron llegar directo y esperar a la marcha con la música del Dj Otaku. Un grupo de niñas daba los últimos retoques a sus coreografías, más allá se organizaban con los nervios de la primera vez Amala Copa, Mina Libertad y LameBear, quienes debutarían en la tarima de la concentración final, acompañadas por el icónico Stayfree.

Por fin llegaban como fuertes golpes de ola los marchantes. Filas de banderas, canciones cantadas a coro, abrazos multiplicados de quienes hace justamente un año no se veían, guarapa y pancartas, risas y solidaridad, una energía de reconocimiento mutuo, de ser un cuerpo que llenaba con toda su humanidad cada pedazo de plaza, su fuente, sus espacios sombríos y la luz que se volvía a asomar entre las nubes oscuras. Alguien mirando al cielo dijo: “Que venga el sol para que salga nuestro arcoíris”.

En la tarima apareció Javier Ávila, un militante en silla de ruedas que inició su presentación de danza. Ojos de agua viva se encendieron, algunos miraban maravillados su talento, otros lloraban de alegría. Se reconoció públicamente el trabajo de las organizaciones y artistas que cada año no hacen otra cosa sino luchar obstinada e incansablemente por ganar un espacio en la ciudad, por dejar de ser, como rezaba una consigna, los corazones olvidados de la Patria.

Esta juntura es de verdad, cada rebeldía se unió para hacer posible la gran Marcha del Orgullo LGBTI de Venezuela.

En medio de la concentración se daban para la historia las fotos de las organizaciones hermanadas. Se agradecía desde lo más profundo el éxito de la convocatoria, nacían nuevas articulaciones, nuevas amistades, algo se hizo más grande, más fuerte, más auténtico, algo muy parecido al trabajo colectivo.

No pudo la lluvia. Somos más.

BESOS DIVERSOS
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Fotografías de Ances Díaz