Yo desde chama aprendí eso que llaman: el arte del resuelve.

Con mi ex nos íbamos de 15 en 15 y de boda en boda echando fotos, las últimas cuotas de mi carro las pague vendiendo tortas en los pasillos de Telesur, y cuando me veía muy “ahorcada” (o quería plata para cualquier vaina) llamaba a un amigo para darnos una vueltica por el terminal (mientras más tarde, mejor) y taxear juntos.
No obstante, algunas cosas han cambiado: ya la gente no celebra 15 años ni se casa tanto o al menos no lo hace con la misma fanfarria, los ingredientes de las tortas son los más costosos o escasos, y ni el culillo ni los cauchos me dan para andar montando desconocidos en el carro.
Hoy, los tigres han sufrido un sinfín de modificaciones y son cada vez más necesarios para sobrevivir. De hecho, en ellos radica una de las razones por las cuales el pueblo venezolano ha podido encarar la crisis económica sin que exista, aún, un desbordamiento social.
“Debemos resolver un modo de vida que responde al dólar paralelo. Entonces, hay gente, sobre todo en los sectores medios y comerciales, que empieza a trabajar o conseguir formas de obtener pagos en divisas. Pero la mayoría del campo popular no lo puede lograr, no es generalizable“, nos dice el investigador, militante del Movimiento de Pobladores y promotor del Chavismo Bravío, Hernán Vargas, quien agrega que por eso “se ha desarrollado y diversificado tremendamente el campo informal”.
Normalmente se conoce como “trabajo informal” a las actividades económicas que no suponen salarios ni relaciones contractuales, que no brindan todos los beneficios apegados a la legislación laboral vigente, ni contribuyen a los ingresos fiscales del país. Pero ¿de qué hablamos hoy? ¿Contemplamos también las actividades consideradas ilegales?

Corromper el dinero para desquiciar una sociedad: radiografía del Dólar Today

“Se habla mayormente del fenómeno de la reventa conocido como ‘bachaqueo’Sin embargo, hay un bachaqueo asociado a fenómenos chiquitos, es decir, la familia sale en la mañana a buscar de sitio en sitio el producto más barato ¿para qué? Para el consumo, para el intercambio o para revenderlo de forma detallada (“las tetas”). Luego está el bachaqueo organizado y vinculado al malandreo, ese sector también es parte de la informalidad porque, aunque lo vemos como un fenómeno moral, también responde a lo económico”, agrega.
O sea, de ñapa, ¿la crisis también ha generado un alza en los índices de malandraje? “La mayoría de los chamos jóvenes que no tienen acceso a un montón de cosas, usan el bachaqueo-malandreo para poder lograrlo. Hoy la mafia en el barrio controla las economías internas: el azar (los animalitos), el cambio de dólares, la reventa de alimentos, el acceso a efectivo, la posibilidad de obtener servicios (conseguir la bombona de gas, por ejemplo), todo lo que mueva capital termina siendo controlado por el malandreo”, apunta el investigador.

Ante este panorama, y ya que lo económico inevitablemente se mezcla con lo social, una termina preguntándose ¿qué otras cosas se habrán ido modificando sin que podamos percibirlo aún?  

“Empiezas a mirar, que la maestra que antes se rebuscaba, aparte de sus horas de clase, vendiendo Avon, ahora revende productos de higiene o comida, pero nota que esa segunda actividad le resulta más rentable que ser maestra, entonces ahora se dedica de lleno a eso, porque la venta y reventa especulativa está permanentemente ajustándose al precio del dólar paralelo y el salario no, aunque haya un esfuerzo del Estado para que no se estanque“, agrega.
¿Qué más?
“Otra cosa que se comienza a ver en el barrio, aunque con un peso que aún no podemos descifrar, es la gente que busca irse al exterior para poder enviar remesas a sus familias, hoy son los pobres los que meten o mandan remesas al país (…) También hay gente que se mueve hacia la faja petrolera, al arco minero, o hacia estados más lucrativos para la reventa de productos (porque poseen dificultades distintas a las de Caracas). Así también van desapareciendo oficios más propios del barrio: construcción, herrería, carpintería, etc.”
La respuesta de Hernán no me asombra: Yo, cuando reflexiono en torno a mi trabajo y mi salario, me cuestiono una y otra vez: ¿qué coño estás haciendo, Jessica? Al Estado me ata más la caja o bolsa de alimentos y productos higiénicos que suelen venderme con relativa periodicidad que las dos lochas que percibo. A la universidad me une el amor, porque la hora académica la pagan en 800 bolívares, ¡ni pa’l pasaje!

¿Quién le pone el cascabel al Bachaquero?

“Hay trabajadores públicos, una buena parte, que están ahí porque se sienten protegidos, porque les dan una bolsa de comida con cierta frecuencia y eso les importa más que el salario, hoy la gente cambia su fuerza de trabajo por bienes de consumo”, relata Hernán. Para Vargas, esto representa una oportunidad de “cambiar la cadena mercantil imperante”. Y quizás sea cierto, pero, a otros, esto nos genera una profunda frustración. Lo mismo ocurre en otros tópicos.
“Por ejemplo, hoy la siembra urbana, en especial de aliños, se ve con mayor fuerza, la gente le dedica tiempo a sentarse a remendar el pantalón o acomodar un electrodoméstico, se empiezan a ver formas de intercambio diferentes, como las redes de solidaridad, cosas a las que hay que meterle energía y tiempo, y que, por cierto, también pueden considerarse trabajo, igual que llevar un hogar”.

Entonces, surge nuevamente la duda: ¿Esto es negativo o positivo? Algunos consideran que esto reduce “los niveles de consumismo” asociados al “rentismo petrolero”, otros creen que el no poder comprarse un pantalón nuevo es sinónimo de “miseria”.

De una u otra manera, las crisis se leen (y se padecen) de distintas maneras, dan oportunidades hacia un lado y hacia otro y uno tiene que ver hacia donde empuja, porque hay una competencia mayor, una ferocidad mayor para apropiarse del dinero, porque en esta crisis si hay dinero circulando, y allí radica el dilema. Tú… ¿hacia dónde la llevas?