“Soy feminista, soy trans feminista, revolucionaria, de la parroquia combativa 23 de Enero. A esta que está parada aquí ustedes la conocen, saben quién soy, tengo el respeto de ustedes porque me lo he ganado, porque estoy en sus luchas junto a mis compañeros y compañeras de la sexogénero diversidad”, dijo Rummie Quintero a las vocerías de las organizaciones sociales en el Palacio Presidencial, en Miraflores, el 9 de diciembre del 2015, cuando el presidente Nicolás Maduro abrió las puertas del mismo para recibir al poder popular que ese día tomaron las calles en muestra de apoyo, tras la pérdida electoral de la Asamblea Nacional.

Sin temblor ni duda, esa noche denunció delante de militares y ministros a algunos liderazgos políticos incoherentes en la práctica, quienes se habían desligado de los vacíos de políticas y acciones para la protección de la comunidad trans venezolana. Y no fue la primera vez. Rummie, alguna vez niña trans en medio de varios hermanos, todos hombres, e hija de una mujer negra barloventeña, quien la apoyó en reconocerse bajo su identidad de género elegida “y enfrentar el sistema patriarcal que aún persiste en Revolución”, se ha caracterizado por ir de frente contra toda ofensa e injusticia. Ha sido por años maestra formadora de decenas de jóvenes que se inician como militantes por la defensa de los derechos de lesbianas, homosexuales, bisexuales, trans.

No, Rummie no cumple con el estereotipo de trans prostituida o confinada a un salón de belleza. Es maestra de danza: “Con la profesora Rummie decidí tomar clases porque siento que ella es mi ejemplo a seguir. Ella me motiva cada día a ser más fuerte, a dar más de mí porque quiere que yo sea una mejor persona y una mejor bailarina”, dice Rosmar Samaan, una adolescente que cada sábado va, junto a su padre sirio, a recibir clases con esta bailarina transgénero y referente de la militancia LGBTI en Venezuela.

No necesitó una certificación académica para ser reconocida por sus alumnas como profesora. Rummie abandonó a edad temprana los estudios porque odiaba que la llamaran por su nombre de nacimiento, un nombre masculino con el que no se identificó nunca. Años más tarde, siendo aún muy joven, fue a una entrevista de trabajo para optar a un cargo administrativo en el Banco Central de Venezuela, lo consiguió gracias a sus conocimientos, y al hecho de que fue vestida como se supone debe vestir un hombre, pero no se presentó a su primer día de labores, ni ningún otro, sintió que nuevamente viviría lo mismo que la lastimó en el colegio: “Me di cuenta, de pronto, de que para que me permitieran trabajar tendría que disfrazarme todos los días de algo que yo no era”.

Pero esta mujer transgénero, negra, sin acceso a facilidades económicas, no dejó caer los brazos, y pese a que no contaba con condiciones materiales privilegiadas, supo que nada de esto era impedimento para hacer lo que más le gustó siempre: bailar. Junto a una amiga tomó la iniciativa –hace más de veinticinco años– de montar su primer estudio, la Academia de Danza Arte Coreográfico Rummie Quintero: “¿Cuál fue la principal manera de sentirme feliz, de emanciparme? Atreviéndome a hacer mi propio proyecto, no para acceder a una riqueza monetaria, sino a la riqueza que da la libertad, la riqueza de vivir haciendo lo que me gusta, de escoger cuándo y cómo trabajar, con dignidad, ética, honestidad. Este proceso de emancipación fue y es maravilloso”.

Pero esta mujer transgénero, negra, sin acceso a facilidades económicas, no dejó caer los brazos, y pese a que no contaba con condiciones materiales privilegiadas, supo que nada de esto era impedimento para hacer lo que más le gustó siempre: bailar. Junto a una amiga tomó la iniciativa –hace más de veinticinco años– de montar su primer estudio, la Academia de Danza Arte Coreográfico Rummie Quintero: “¿Cuál fue la principal manera de sentirme feliz, de emanciparme? Atreviéndome a hacer mi propio proyecto, no para acceder a una riqueza monetaria, sino a la riqueza que da la libertad, la riqueza de vivir haciendo lo que me gusta, de escoger cuándo y cómo trabajar, con dignidad, ética, honestidad. Este proceso de emancipación fue y es maravilloso”.

Poder trans

En el año 2016 se publicaron “casos exitosos” de mujeres trans, la mayoría originarias de familias económicamente holgadas, con posibilidades de acceder a salud y educación. Casi nunca se resaltan casos como los de Rummie, maestra de danza y activista gracias a la cual, junto a otras compañeras, en Venezuela se dieron las acciones de movilización popular garantes de que actualmente se pueda ejercer en el país el derecho a sacar el documento de identidad con todos los elementos visibles del género con el que cada quien se identifica, en coherencia con el artículo 21 de la Constitución en lo referente al libre desenvolvimiento de la personalidad. Se trata del primer paso para alcanzar el cambio de identidad de las personas trans.

Para Rummie, independientemente de la clase social, las trans son mujeres que han luchado enfrentándose al prejuicio y al machismo, y el logro de cualquiera de ellas es un triunfo para toda la población vulnerada, su reflexión sobre las respuestas que deben garantizar quienes poseen mayores recursos y accesos para sumar a la lucha tiene que ver en cómo pueden poner esos recursos al servicio de la protección de las compañeras más vulneradas y en situación de absoluta indefensión:

“Algunas trans para poder lograr cierta estabilidad y profesionalizarse primero vivieron bajos los privilegios de ser socialmente hombres. Muy pocas hemos logrado ser lo que somos con una expresión de género asumida desde una temprana edad. A mí me costó mucho empezar a usar hormonas, por miedo a los medicamentes, así que decidí trabajar mi cuerpo de forma natural, con entrenamiento físico, lo llevé al de una mujer poderosa. También tenía temor de hacer un cambio radical por el temor del rechazo en mi familia, pero tuve y tengo mucho apoyo, y aunque no les haya gustado mi decisión nunca me rechazaron ni me sacaron de sus vidas”.

Camino largo

Fue allá en Miraflores donde Rummie volvió a recordar la lucha a la cual pertenece: “La comunidad transexual sigue siendo la más vilipendiada y vulnerada del país y a nadie le importa”. Parte de los informes de la situación de las mujeres trans en Latinoamérica apuntan que esta comunidad “enfrenta una situación social que en el mejor de los casos puede calificarse de ‘muy preocupante’ y en la mayoría de los países es francamente ‘crítica’”.

El 80% de las mujeres trans asesinadas son menores de 35 años, y no tienen fácil acceso a una atención integral de su salud, ni se realizan chequeos periódicos. La mayoría no posee vivienda propia y el acceso a un alquiler es una tarea por lejos difícil. La mayor dificultad para lograr el acceso a la vivienda, la tierra, o crédito: el prejuicio y la imposibilidad de demostrar solvencia económica.

 

Al ver estas grandes problemáticas el caso de Rummie se torna en ejemplo de vida: nunca tuvo un “trabajo formal”, pero eso no la detuvo en generar una estabilidad emocional y económica.

En el año 2004 fundó la Asociación Civil Divas de Venezuela. Su iniciativa fue atender las necesidades de las personas trans: “(…) pero,  al poco tiempo nos dimos cuenta de ‘que crear un gueto más’ no era nuestro propósito real. Por ende, extendimos nuestro horizonte a la defensa de los derechos humanos de todas las personas sexo-género diversas”.

Así empezó su trabajo ad honorem para desarrollar actividades que aportaran a la lucha por la inclusión social, cultural, educativa, deportiva, recreativa, política y laboral de las personas transgéneros, transexuales, intersexuales, lesbianas, homosexuales, intergéneros, bisexuales, en igualdad de condiciones.

Logros de Divas de Venezuela

Divas de Venezuela logró en 2011, junto al Frente Bicentenario de Mujeres, ir a la Asamblea Nacional e incorporar el primer artículo que habla explícitamente de la “no discriminación por orientación sexual e identidad y expresión de género” en la Ley Orgánica del Poder Popular.

“Este primer gran logro es significativo, el más importante que hemos obtenido, el artículo en la Ley que te garantiza el derecho a participar en cualquier espacio de construcción colectiva. Y hay quienes no valoran este logro, su importancia, de hecho, la diputada transexual Tamara Adrián ha dicho que no es vinculante, pero sí lo es, es emancipador”.

En 2012 obtuvo un reconocimiento de la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, por participar en la normativa para la paridad de género en candidaturas. Rummie aprovechó para proponer un plan piloto de inserción laboral de personas trans, homosexuales y lesbianas en el CNE.

Con esta propuesta actualmente personas como Ángela, una joven trans de un barrio caraqueño, logró tener su primer trabajo estable, y en el que su identidad y expresión de género es respetada. Con la compañera trans, Rachel Briceño, armó y presentó en el 2016 ante la  Fiscalía, un documento para trabajar en el reconocimiento de la identidad trans: “Logramos junto a la directora Contra la Corrupción, Paula Ziri-Castro, articular con el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) y asegurar el derecho a la expresión de género en cédulas”.

Rummie ha viajado desde hace años a varios países para dar sus aportes, se mantiene articulada a los movimientos campesinos, feministas, obreros, estudiantiles. En el año 2014 retomó los estudios, se graduó como bachiller, e ingresó a la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) con la opción de estudiar Relaciones Internacionales o Psicología: “Elegí la última porque me va a permitir fortalecerme más personalmente”.

Desde la UBV siguió la militancia, en el 2017 fue candidata a la Asamblea Nacional Constituyente por el sector estudiantil, ¿por qué?: “Para todas las personas trans el proceso de vida es duro y complejo, pero sin duda la falta de políticas públicas terminan afectando a las poblaciones que están al margen, aquellas de menores recursos económicos. No es suficiente ser legitimadas por la Academia o lograr cargos de elección pública, mientras no se usen todos los medios posibles para trabajar por intereses colectivos”, dice.

Su claridad, la importancia de entender que lo personal es político. Termina la clase de danza del día, se despide de sus alumnas y se sienta a planificar las próximas actividades: ir a la avenida caraqueña con más transexuales en situación de prostitución para saber en qué situación se encuentran y cómo puede apoyarlas. “Esta lucha necesita que creamos, que confiemos más entre nosotras las trans, necesita de cada una de nosotras, de nuestra fortaleza”.