Taller Artefacto son tres y una perra. O mejor, Azar y tres humanos.

Los tres son Adriana Herrera, Virgilio Álvarez y Juan Sebastian.

Azar, obvio, es la perra, que al final es tan o más cariñosa que los muchachos,

que también son amorosos pero no menean la cola, que se sepa.

Los cuatro fabrican artesanalmente jabones y los distribuyen entre sus iguales. Es verdad, Azar no manufactura pero cuida, y ladra y alegra las tardes en la sede del taller, en el centro de Guatire, cuando se acerca toda mimosa a que uno le acaricie la piel tostada de su raza inmortal. Juan Sebastián, de casi cinco años, no ladra no porque no pueda, sino porque prefiere la música en todas sus presentaciones, esa pasión desmedida a la que se aficionó desde que estaba en el vientre de su madre que lo acostumbró, terapéuticamente, a llevar la vida de niño-prodigio que le corresponde al hijo de dos artistas.

Los muchachos son dos seres excepcionales, no porque lo digan, porque ni que los torturen van a mostrar alguna inclinación por exaltar sus egos. Son unos militantes de la vida con pasantías en la solidaridad, las artes, la pedagogía y la supervivencia, reunidos en torno a una propuesta que si bien surgió del seno familiar hace 15 años, se ha reproducido a través de una extensa red de adhesiones que suma a su comunidad, a sus familiares y amigos extendidos incluso más allá de las fronteras, y a buena parte de ese tejido inmenso y silencioso de iniciativas de “prosumidores” que están izando las banderas de la autogestión en la producción y el consumo, en medio del marasmo económico que mantiene sitiado al país.

“Somos -cuentan y ladran los cuatro- un espacio de creación, exploración del arte relacional, de generación de ideas, propuestas sociales, formación y producción para las artes, la imagen, la literatura, la artesanía y el resguardo de la microhistoria… a veces somos hasta espacio de terapia”.

Llega Azar a la hora del jabón

Si nos remontamos a la prehistoria, en su vertiente romántica, habría que empezar diciendo que Artefacto comenzó cuando Adriana y Virgilio se enamoraron estudiando artes plásticas en el Instituto Universitario de Estudios Superiores Armando Reverón de Caño Amarillo, pero ese chisme es harina de otro costal. Según la historia oficial, el taller comenzó haciendo imágenes desde la serigrafía en el año 2003, y apoyando exposiciones e intervenciones artísticas en Guatire. En 2007 arrancaron a investigar y participar como colectivo en el proyecto de abordaje cultural Arte y Parte de Mérida, para después quedar encargados de la propuesta gráfica de los congresos venezolanos de diversidad biológica del antiguo Ministerio del Ambiente en los estados Falcón, Zulia y Carabobo donde surgen talleres con niñ@s y adultos, intervenciones murales, presentaciones de circo, contadas de cuentos, construcciones de títeres con materiales de “provecho”, talleres de fotografía y audiovisuales, ilustración y diagramación de las memorias de los congresos.

En ese andamiaje personal en torno al hecho cultural, se internaron en el acompañamiento fotográfico del núcleo Alma Llanera del Sistema Nacional de Orquestas desde sus primeras presentaciones. “Llega a acompañarnos Azar en el año 2008 y el taller surge -formalmente- como espacio físico de investigación plástica en el 2009, al ser aprobado como Trabajo Especial de Grado para egresar de Uneartes Plásticas y como escuela de fotografía en 2010” cuenta Adriana.

Luego de mucho girar, coordinando talleres para niñ@s e intervenciones murales en el país, se fueron al Congreso Mundial de Páramos en la población de Loja, Ecuador, donde hicieron mural con Ramón Pimentel y participaron en el Paramito, una experiencia de congreso entre nin@s de páramos de distintos países. También estuvieron por Güiria con la Casa de la Diversidad Cultural y la comunidad organizada, ofreciendo talleres a niñ@s y haciendo murales junto a colaboradores y amigos.

La locura económica, la burocratización, la crisis política, ver a un personaje como Ramos Allup presidiendo la Asamblea Nacional, les hizo darse cuenta de la necesidad urgente de radicalizar su postura, siguiendo la conseja de Paulo Freire. “Pensamos: La cultura se irá al foso si no la tomamos y la creamos nosotros mismos; perdimos más batallas de las que creíamos. De vainita ni siquiera se logra la Ley de semillas. La formación se nos volvió ligera desde la imagen y la producción primaria y la investigación desde la raíz apremiaba, ya nos lo habían dicho los compas del Zulia y de Carabobo, era un llamado más relacionado con la naturaleza de lo que pensamos. Entonces aprendimos a hacer jabones” resume Virgilio.

En los espacios del Núcleo Endógeno Socioproductivo y de Formación Territorio Caribe, asentado en Guatire, afianzaron sus conocimientos en la elaboración de jabones glicerinados, desodorantes, repelentes, lavaplatos, desinfectantes, y afinaron detalles en la técnica de la siembra que habían visto en los congresos ambientales. El padre de Adriana, Teodoro Herrera, profesor de Química jubilado de la UCV, se sumó como asesor, ayudando a mejorar el proceso y la calidad de los jabones que seguidamente comenzaron a ser arrimados a la Feria Conuquera del parque Los Caobos y a la Alpargata Solidaria.

Al salir de Territorio Caribe se registran como Unidad de Producción Familiar (UPF) La Huerta, una estructura legal que realmente define lo que son: un colectivo, una familia, al que suman siempre más integrantes, colectivos, comunidades, instituciones y/o empresas en cada proyecto, siempre que estén dispuestos a participar con sus propios aportes, sus fortalezas creativas y en equilibrio con el contexto.

Ricos en experiencias

Hacen de todo un poco: como taller creativo están produciendo audiovisuales que dan a conocer las fortalezas de la identidad, desde lo cultural y lo social. Las muestras están a la vista en sus espacios digitales (Youtube, Facebook) con la proyección de expresiones tradicionales como la Parranda de San Pedro, San Juan, la Santa Cruz, el programa Alma Llanera y el NIS (Nuevos Integrantes del Sistema) a través de Juan Sebastián, que está allí desde antes de nacer.

Desde La Huerta hacen recolección y tratamiento de aceites vegetales, producen jabones glicerinados artesanales de distintos tipos según los agregados, entre básico, avena, arcilla, cacao, hierbas y azufre. La producción varía según la cantidad de base grasa que encuentren, pero como mínimo logran alrededor de unos 500 jabones mensuales, aunque tienen capacidad de hacer hasta 3000 piezas, que distribuyen directamente entre la comunidad, por transferencia y trueque. En momentos de producción alta llevan a ferias, han estado en el Centro Nacional de Fotografía (Cenaf), la Red de Hojas Verdes, el Eje del Buen Vivir con la Red de Artes, La Estancia y l@s alpargater@s de La Alpargata Solidaria, entre trabajadores de Hidroven, el Ministerio de Educación, Fundambiente, y la  posada ecológica Bequeve en Choroní.

Son miembros de su consejo comunal, en las vocerías de Administración y Finanzas y Economía Comunal. Adriana lleva la vocería municipal de formación de productores químicos ante el Fondemi. Fue jefa de calle para poder agilizar el proceso de consolidación del CLAP, aunque se retiró para concentrarse en la producción.

Lo de la materia prima, un auténtico nudo gordiano que desinfla casi cualquier esfuerzo:

  • Lo han ido resolviendo tras aliarse con la Red de Ecoproductores Siglo XXI, un grupo de productor@s que se reúne en Fundambiente y confecciona artículos de limpieza, jabones artesanales, compras colectivas e intercambio de recetas de alimentos alternativos.
  • El Taller recibió un financiamiento para la producción de los jabones glicerinados por parte del Fondo Nacional de Misiones (Fonamis), con el que lograron garantizar cierta cantidad de materia prima.
  • Las hierbas, miel, cacao y aloe las truecan en la Feria Conuquera, y así garantizan productos ecológicos. También truecan la base grasa, un jabón por litro para familias y un jabón por 2 litros para restaurantes, comedores y luncherías, a veces también a cambio de desinfectante o jabón líquido.

– ¿Qué los mueve? ¿No quieren ser ricos?

– Crear y aprender constantemente. No descartamos que lo que hacemos nos dé para vivir, no somos ascetas extremos ni nos inmolamos, entendemos que existen formas de disfrutar lo que haces y beneficiar a otros. Facilitar la vida o demostrar la cultura que somos no exime el tener beneficios económicos, aunque los beneficios que tenemos no son solo económicos. Nuestro trabajo no se distancia de cualquier otro, solo que fuera de lo cursi que pueda sonar, amamos lo que hacemos, ello lleva indefectiblemente a tener beneficios, los económicos no faltan, siempre que sepas manejarte. No todo es fácil pero, si haces el trabajo lo mejor posible y tratas con respeto y te das a respetar, eventualmente logras tus metas un paso a la vez. Ya somos ricos y hemos viajado, no descartamos seguir haciéndolo, pero no ha sido por dinero, sino por trabajo que lo hemos hecho y pensamos seguir haciéndolo.

– ¿Para qué sirve lo que hacen?

– Lo que buscamos es mostrar las capacidades de producción que tenemos todos. Ir más allá de la burocracia, sortear la corrupción. Está difícil lograrlo en función de la locura en la que nos hemos sumido y se vuelve cuesta arriba el reponer los insumos. No es sencillo especialmente en estos momentos asumir la autogestión, nosotros mismos hemos recibido apoyo tanto de entes públicos como de personas particulares sin los que el mantenernos produciendo habría sido imposible. Pero también hemos sido ejemplo para algun@s amig@s que lo vieron posible en nosotros. La constancia, paciencia y enfoque son claves, la capacidad de adaptación, creatividad y coherencia, ser honestos con lo que crees y eres, y no saberse solos, saber aceptar la ayuda, ser agradecidos y cumplidos y sobre todo honestos.

Azar, como en tono afirmativo, levanta la patica y ladra cuatro veces.

A modo de Ping-Pong

Lo mejor de la experiencia: aprender en todos los aspectos.

El mayor reto de la experiencia: la paciencia y la constancia, mantener oídos sordos a quienes dicen que no se puede.

Lo que no volverían a hacer: hay personajes y espacios a los que no volveríamos, pero no se niega todo lo aprendido.

La experiencia en tres adjetivos: nutritiva, creativa y gratificante. ¿Se vale otra? Conjunta o colectiva.

Una canción que identifique /caracterice al colectivo: “A pesar de usted” de Chico Buarque. Desde que la cosa se ha apretado, esa es la canción.

Conoce más sobre Taller Artefacto

Un repaso por el tradicional repique de San Juan junto al músico, percusionista y fabricante de instrumentos Willy Mayo y sus amigos de la comunidad de Lídice, Caracas. Parte del recorrido espiritual de Taller Artefacto en homenaje a nuestros orígenes. Producción Artefacto.

Participación en el II Festival de Poesía Realenga, 2017, con el cultor guatireño Leonardo Urbina. Producción Artefacto.